Viendo a Tomás Boy, técnico de Monarcas, uno de los finalistas del Clausura 2011, sentado en la tribuna, uno se pone a pensar muchas cosas. Por ejemplo, si fuera directivo del conjunto de Morelia, ¿qué haría teniendo en la parte más importante del certamen a su timonel como un espectador más?
Pero quizá la pregunta más interesante sería ¿qué haría usted como técnico, cuando se presentaran situaciones difíciles? ¿Participaría como actor o se quedaría a un lado? Porque "El Jefe" Boy está en la banca por muchos méritos. Su temperamento no lo puede controlar.
Así que conforme nuestro muy personal punto de vista vamos a contestar las dos interrogantes. Si fuéramos directivos, nunca se nos ocurriría contratar a gente como Tomás Boy, porque el hombre no sabe controlar su carácter y explota fácilmente.
Lo hace en plena temporada, cuando pierde su equipo, y dicen que le echa la culpa a algunos jugadores. Y luego, en una fase final, cuando menos su presencia es importante en el banquillo, no está por haber sido castigado por enésima ocasión.
La otra, si fuéramos técnicos buscaríamos la ecuanimidad, la prudencia, el buen juicio, la sensatez, etcétera, etcétera, para ser buenos líderes y tener siempre la cabeza fría para resolver mejor, pues cuando se toman decisiones en medio de la angustia no funcionan.
Aunque un técnico debe dar lo mejor de sí antes de los partidos y no en pleno juego, donde ningún jugador lo puede atender por estar metido cien por ciento en el accionar del encuentro, pero la presencia del timonel en la banca, aunque sea de adorno, es necesaria psicológicamente.
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