Por haberlo conocido, por seguir su trayectoria llena de juventud y facultades, por tratarse de un joven limpio, descendiente de una familia también sobresaliente en el deporte, con la que unimos más vínculos en el pasado Mundial de Sudáfrica, hoy nos preocupa la salud de Javier Hernández.
Cómo olvidar la desesperación, la frustración y el desengaño de sus familiares al ver el inicio de algunos partidos de nuestra Selección en la justa del lejano país y no encontrar al "Chicharito" en la cancha, porque seguía en la banca por decisión equivocada de Javier Aguirre.
Y qué gozo se apoderó, seguramente de ellos, cuando ya con la camiseta de los Diablos Rojos del Manchester United, Javier hacía reaccionar al mismo Wayne Rooney y se convertía, gracias a sus goles y a sus cualidades, en la nueva figura del futbol de la Liga Premier, de las mejores del mundo.
Por ello nuestra preocupación, pero convencidos en forma personal de los adelantos que está teniendo la medicina, esperamos que lo que ha dicho el mismo Rafael Ortega, actual presidente de las Chivas Rayadas, sea sólo un malestar pasajero, y lo que ocurrió tiempo atrás esté totalmente superado.
Platicando recientemente con el doctor Óscar Talamás Murra, afamado neurólogo lagunero, nos decía que en cosas del cerebro, la ciencia ha tenido pasos agigantados, y que con el apoyo de los pacientes se pueden lograr muchas cosas que algunos pueden llamar "milagros".
En Inglaterra no ha cundido el pánico, ni en las filas del Manchester United, donde casi no le han dado importancia al incidente de Javier Hernández en una práctica, que al fin y al cabo el futbol es para hombres hechos y derechos.