Pocos sucesos internacionales captan la atención y transforman la vida de millones de personas en todo el mundo. Los ataques terroristas contra Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 tuvieron y siguen teniendo ese efecto global y el sistema internacional sigue resintiendo el impacto de esa fecha que podría haber marcado el verdadero inicio del siglo XXI.
Para entender ese impacto, los efectos del 11 de septiembre pueden dividirse en dos niveles: el de la política doméstica -referente a Estados Unidos- y el de la política internacional -referente a la diplomacia global y las instituciones multilaterales-.
1) UN TIMONAZO PARA ESTADOS UNIDOS
George W. Bush llegó a la Presidencia de Estados Unidos un 20 de enero de 2001, luego de una elección presidencial altamente cuestionada por la confusión en los resultados de los votos en Florida. Así, con una crisis de legitimidad y un país polarizado, Bush inició su mandato con promesas de enfocarse en política interna y de administrar la bonanza económica que heredaba de Clinton.
El 11 de septiembre significó un súbito cambio de prioridades. Los ataques contra el Pentágono y las Torres Gemelas evidenciaron las fallas de un sistema de Inteligencia sin coordinación y que respondía al contexto de la Guerra Fría. Bush inmediatamente se convirtió en un presidente en tiempos de guerra y ordenó la mayor reestructuración del Gobierno federal en tiempos modernos con la creación del Departamento de Seguridad Interior.
La separación de poderes y los pesos y contrapesos del sistema político estadounidense se relajaron con la guerra contra el terrorismo. El Congreso cedió parte de sus poderes al presidente Bush y maniatado aprobó la llamada Acta Patriota en octubre de 2001. La política estadounidense se concentró en el Poder Ejecutivo y Estados Unidos entró en una dictadura constitucional, como la llamara el académico presidencial Clinton Rossiter.
La seguridad y el combate al terrorismo se convirtieron en la prioridad y en el sello de la política interna de Bush. Un Estados Unidos más seguro y un comandante en Jefe eficiente fueron los ejes rectores también de la política electoral. El discurso del miedo y de la paranoia marcaron la contienda presidencial de 2004. Bush fue reelecto para un segundo mandato y la política interna siguió dominada por el terrorismo por otros cuatro años más.
2) POLÍTICA EXTERIOR
Bush llegó como un presidente obsesionado con el Hemisferio Occidental. Como gobernador de Texas, su única experiencia en política exterior había sido la relación bilateral de su estado con México. Por ello, al inicio de su presidencia, la política exterior de Bush estaba dirigida hacia mejorar la relación con México y con América Latina.
Las expectativas en la región se levantaron. México esperaba y demandaba de Bush la "enchilada completa" de un acuerdo migratorio y un TLCAN plus que incluyera el libre tránsito de ciudadanos mexicanos, estadounidenses y canadienses, dos sueños que nunca se concretaron.
Las Torres Gemelas cayeron y con ello se evaporó la atención de Bush hacia América Latina. La democratización forzada de Oriente Medio inició el 7 de octubre de 2001 con la Operación "Libertad Duradera" para terminar con el régimen talibán en Afganistán, y pronto el régimen de Saddam Hussein en Irak se convertiría en la obsesión del Gobierno de Bush.
Tras la caída del régimen talibán, el equipo de Bush se enfocaría en demostrar que Saddam Hussein era una amenaza para la seguridad y la paz internacionales. Así, pronto empezaron unos largos meses de negociaciones en el Consejo de Seguridad de la ONU. El equipo de Bush pedía la autorización de ese órgano multilateral para obligar a Hussein de que permitiera el acceso de inspectores de Naciones Unidas para revisar que Irak no tuviese un programa de armas de destrucción masiva. Hussein accedió y un equipo de inspectores ingresó a Irak y concluyó que las armas no existían.
La paciencia de Bush con el multilateralismo pronto terminaría. Tras una cumbre con el británico Tony Blair y el español José María Aznar, el 16 de marzo de 2003, Bush lanzó una advertencia: Saddam Hussein era una amenaza a la seguridad internacional y Estados Unidos quitaría al líder iraquí con o sin el apoyo de las Naciones Unidas. Tres días después, un 19 de marzo, los primeros misiles Tomahawk empezarían la campaña militar "Libertad para Irak" que terminó con el régimen de Hussein en 21 días.
La operación unilateral estadounidense minó el prestigio de la ONU a nivel internacional y causaría una desconfianza, aún mayor, de las instancias multilaterals, de la cual Naciones Unidas todavía no se recupera del todo.
Internacionalista y Politólogo
Twitter @genarolozano