Centro de Desarrollo para las Personas Ciegas y de Visión Baja
Conforme vamos creciendo y adentrándonos en el camino confuso que representa la vida, nos van enseñando que lo óptimo para cada situación es salir adelante con el mínimo esfuerzo. Lograr que nuestros objetivos se cumplan sin poner demasiado de nuestra parte y seguir sumergidos en un mundo de comodidad y relajación, es sumamente admirado. Caminar sólo lo que es necesario, contando los pasos justos para llegar al descanso, se convierte en la práctica mejor realizada, pero ¿Qué pasa cuando decides dar un paso más? ¿Qué pasa cuando estás dispuesto a levantarte cansado y seguir adelante? Yo te aseguro que la sorpresa será enorme, que la sonrisa será gigante y el orgullo y bienestar inmensurables.
Hoy presento a un niño que cada día nos demuestra la maravilla del esfuerzo y dedicación, y que con cada sonrisa nos enseña que el camino de la vida es demasiado bello para sentarte y admirarlo sólo de lejos, hoy les presento a nuestro pequeño Héctor Abraham.
A la corta edad de dos años, Héctor tocó las puertas de Ver Contigo con toda la ilusión que define su rostro. Después de haber pasado tres semanas en una incubadora fue diagnosticado con Retinopatía del Prematuro, que como ya hemos explicado, es un padecimiento que roba a nuestros niños la posibilidad de observar la belleza del mundo desde el inicio de su vida. Sus padres tal vez no cuentan con los recursos para obtener todo lo que el niño desea al chasquido de sus dedos, pero su sentido común los ha dotado de una sabiduría sólo accesible a unos padres tan amorosos como ellos, que les permite conocer a fondo lo que su hijo realmente necesita y que tempranamente los dejó frente a nuestra asociación.
Con visión baja profunda, desde pequeño, Héctor empezó a mostrar la actitud aguerrida y llena de ternura que lo caracteriza. A su llegada y apenas aprendiendo a caminar, encontró, naturalmente, como si el destino le susurrara al oído, la posición adecuada para evitar tropezarse y ceder ante los obstáculos, es decir, con las manos al frente, como dispuesto a afrontar el entorno con total cuidado.
Después de pasar dos años con la familia de Ver Contigo y gracias a la luz que, tanto sus maestras como su familia, encienden cada día, Héctor ha conocido el mundo que le rodea mediante sus demás sentidos, ha logrado iluminar su corazón con el amor de su familia y ha obtenido en su rostro una actitud de tranquilidad y sencillez que cualquiera desearía.
Para Héctor y su familia, la palabra "esfuerzo" es muy fácil de comprender; esfuerzo es llegar de Cuencamé todos los sábados a la hora puntual de la sesión; esfuerzo es tomar un autobús a las 6 de la mañana para llegar a las 10:30 a la ciudad; esfuerzo es contar cada centavo para completar cualquier estudio que el niño requiera; esfuerzo es asistir religiosamente a cada cita de terapia sin faltar; esfuerzo es caminar todos los días con la cabeza en alto, incluso cuando la oscuridad amenaza cada uno de tus pasos.
Ahora a sus cuatro años, a Héctor aún le quedan muchos retos por superar, sigue en la lucha de mejorar su lenguaje y habilidades para la vida diaria, sin embargo, conserva la sonrisa confiada del primer día y eso, sin duda, es la gran señal de que se continúa avanzando en su desarrollo, porque mientras el niño se muestre feliz, el objetivo se está cumpliendo.
Caminar por la vida con pasos seguros tal vez te lleve a tu meta de manera rápida y sencilla, sin embargo, solamente aquéllos que caminen explorando el mundo, dispuestos a recorrer cada tramo, lanzándose a la aventura de conocer el entorno, solamente ellos, podrán conservar la sonrisa segura y la confianza de haber conseguido algo más que una simple palomita en su lista, la satisfacción de luchar por su felicidad.