Durango

Visión de la mujer para lograr la paz

CRECEMOS EN IGUALDAD

Para que en la actualidad la sociedad pueda dar pasos firmes en la consecución de la paz social, se necesita que la participación de la mujer sea valerosa y solidaria.

A juzgar por los acontecimientos que marcan actualmente la historia en nuestra sociedad, "a veces la paz parece ser una meta realmente inalcanzable". Pero nosotras no debemos resignarnos. Sabemos que, a pesar de todo, la paz es posible, ya que se haya inscrita en la conciencia humana. Aunque actualmente subsisten miles de situaciones que representan una amenaza real a la paz de nuestras familias y en las que "se hace caso omiso a los derechos fundamentales de hombres y mujeres, el bien de todos se subordina a intereses particulares; el pobre es explotado por el rico; el débil, por el fuerte; el inocente, por el que no tiene escrúpulos; las mujeres son víctimas de la ciencia y de la tecnología, en lugar de ser beneficiarias del progreso y del desarrollo.

Por ello resulta esencial el desarrollo de una conciencia como sociedad, puesto cuando está amenazada la paz personal, está en peligro la paz de nuestra sociedad, y no puede haber paz en la casa común, que es Durango, si uno solo es afectado. Los hechos violentos que estamos viviendo destruyen la vida de inocentes, que enseña a matar y destroza igualmente la vida de quien mata, que deja en sí una estela de rencores y odios, haciendo más difícil la solución justa de los mismos problemas que la han provocado.

La auténtica paz es, sin embargo, algo más amplio y definitivo que la mera ausencia de conflictos. Tiene que ver con un verdadero orden en nuestra sociedad basado en la justicia, en el sentido de la inviolable dignidad humana, el reconocimiento de una indeleble y feliz igualdad entre sus habitantes básico de la fraternidad humana.

Es por ello que debemos luchar por que ese orden y justicia se den desde los hogares de los cuales emergemos como actores. Es decir, los hechos que hoy lamentamos y los cuales como sociedad los echamos a las autoridades son el fiel reflejo de la apatía como sociedad en la cual permitimos, no de hoy sino de años atrás, la corrupción, la extorsión, la cultura del menor esfuerzo, del tener pasando sobre la ley y sobre lo correcto y honorable, la permisidad de no buscar el desarrollo pleno, y menos del de al lado, en pocas palabras, de una sociedad individualista. Lo que actualmente desemboca en una sociedad sin valores, falta de fe y falta de esperanza de que trabajando con esfuerzo con lo que nos hace dignos y honorables dará a cada quien lo justo, lo que a través del esfuerzo merece, sin envidias, en unidad para que al observar si al otro le va bien, a todos con seguridad nos ira mejor. El valor de la decencia se aprende en casa y la mujer juega un papel imprescindible ya que es natural portadora de la educación de los pueblos en el mundo no solo como madre; ahora lo puede explotar y desarrollar en los espacios que ofertan las profesiones y los puestos gerenciales. Este es nuestro verdadero reto: a través del ejemplo y coherencia, reencauzar la convivencia social.

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