'La diosa y la serpiente' es la segunda parte de una trilogía sobre la Guerra de Independencia en México.
Con la segunda parte de la trilogía de El misterio del águila, titulada La diosa y la y la serpiente (Grijalbo, 2011), Juan Miguel Zunzunegui plantea una desmitificación de acontecimientos y personajes históricos en medio de una historia de amor y misterio.
“Son tres las historias que cuento en este libro: la de amor romántico entre Miguel y Sofía, la del misterio que estos personajes tienen que resolver, y la historia de la guerra de Independencia de 1813 a 1818”, explica Zunzunegui en entrevista.
Dentro de estas historias transversales se pueden encontrar desmitificaciones de algunos héroes nacionales, como José María Morelos y Fray Servando Teresa de Mier, así como de los mitos que hay detrás de la Virgen de Guadalupe y de la serpiente de Quetzalcóatl, y que dan título a esta segunda parte.
Cultos religiosos
De la historia que hay detrás del culto guadalupano y que es uno de los ejes centrales de La diosa y la serpiente, el comunicólogo Juan Miguel Zunzunegui explica: “En las primeras décadas del siglo XVI se forma este culto que es parte del sincretismo entre la diosa pagana de los pueblos del centro de Mesoamérica, Tonantzin, y la cultura cristiana de los frailes”.
No obstante, continúa el doctor en Humanidades, durante el siglo XVI, las órdenes de franciscanos se dedicaron a prohibir el culto, mientras que en el XVII, otras órdenes, como los jesuitas, lo promueven.
De tal manera que “las diferentes órdenes religiosas se pelean por el culto como si fueran empresas rivales que venden el mismo producto, y se pelean por el mismo mercado: los indígenas”, asevera.
Esto, agrega Juan Miguel Zunzunegui, muestra que no por pertenecer a la misma Iglesia, las órdenes religiosas son amigas, si no que se pelean por atraer y tener a los fieles en sus propios territorios.
El otro mito en el que se centra esta novela histórica es el de Quetzalcóatl: “Se dice que los pueblos indígenas confundieron a Cortés con Quetzalcóatl, y que por eso fue tan fácil la Conquista, pero, investigando, mis personajes descubren que en realidad esto lo inventaron los franciscanos después de la muerte de Cortés, para darle un carácter divino al conquistador y hacer de la Conquista algo más ético”, afirma.
De los personajes
“En mis novelas, trato de dar vida a seres humanos, no a héroes de mármol”, asegura el investigador.
En la primera parte de esta trilogía, de Morelos, Zunzunegui rescata al “héroe maravilloso”. Pero en El misterio del águila retrata al Morelos que pierde batallas, muestra al hombre sanguinario, enojado, rencoroso, que da órdenes equivocadas y manda a matar prisioneros inocentes.
De Guadalupe Victoria, “que es uno de los personajes históricos de los que nos comentan muy poco a pesar de que fue el primer presidente de México”, Zunzunegui cuenta cómo de ser un estudiante de Derecho, llega a convertirse en un insurgente que termina de pirata y además como un espía de los propios insurgentes.
“A Fray Servando Teresa de Mier -continúa- nos lo pintan como un héroe de la Independencia, pero es un personajazo de novela: en Londres, convence al joven español Francisco Javier Mina para que venga con él a la Nueva España y resuciten la guerra, siendo que el gobierno virreinal ya ha aniquilado la insurgencia”.
En La diosa y la serpiente, sucede algo distinto con Agustín de Iturbide, pues “sale desmitificado. Vamos a ver su parte buena, porque se supone que es de los malos de la historia, cuando fue él quien firmó el Acta de Independencia. Desde 1815 planea un movimiento de Independencia sólo que quiere una Independencia sin guerra y espera el momento adecuado para que se pueda dar así”, agrega el investigador.
El reto
Del proceso de creación que hay detrás de La diosa y la serpiente, Zunzunegui cuenta que si bien parte de una estructura histórica, de hechos y personajes reales que respeta y que no puede mover ni tocar, crea personajes ficticios, que relaciona con personajes históricos, y engancha al lector con la resolución de un misterio. Asimismo, el autor crea historias ficticias cuando no se sabe nada de los personajes o hechos históricos.