Durante un eclipe solar, registrado un día como hoy pero del año 1868, el astrónomo francés Pierre Jannsen divisó una línea espectral amarilla en la luz solar de la cual no se tenía información ni registro al momento. Norman Lockyer observó el mismo eclipse y sugirió la idea de que esa línea era producida por un nuevo elemento, el cual fue llamado helio.
Por el motivo anterior, a Jannsen y Lockyer se les atribuye el descubrimiento de este elemento.
El helio, vale saber, es un elemento químico que presenta las propiedades de un gas noble, es inerte (no reacciona), es monoatómico, incoloro e inodoro, sólo puede ser licuado bajo presiones grandes, no puede ser congelado y es el que cuenta con el menor punto de ebullición de todos los elementos químicos.
Los principales usos que se dan a este elemento son de caracter industrial y médico. Industrialmente se usa en la criogenia y en la refrigeración de imanes superconductores. Médicamente se usa en los escáneres de resonancia magnética. Además, como usted ya lo sabrá, el helio es también utilizado para llenar globos y dirigibles, aunque los primeros dos usos mencionados son los más comunes, por más raro que parezca.
^AC