Busca Benedicto XVI renovar la fe en Cuba
Por: Andrea Rodríguez y Vivian Sequera / Cuba/ AP.
El Papa Benedicto XVI siguió el lunes los pasos del histórico viaje de su antecesor a Cuba con la esperanza de renovar la fe en el país menos católico de Latinoamérica, mientras muchos esperan que fortalezca a la iglesia como interlocutora con el gobierno e impulse las reformas económicas que ya están en marcha.
El presidente cubano Raúl Castro acudió al aeropuerto en la ciudad de Santiago, al este de la isla, a dar la bienvenida al Pontífice con 21 cañonazos y honores militares después de que el jerarca católico dijera, al inicio de su periplo por la América que habla español, que el marxismo ya no “responde a la realidad”.
Benedicto XVI congregó a miles de creyentes en una misa al aire libre en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, la más grande de la ciudad, y luego se desplazará al poblado de El Cobre.
En la ceremonia enfatizó su misión pastoral y el papel de la Virgen de la Caridad así como de la iglesia Católica en la isla.
“Ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada”, dijo el Pontífice en su homilía.
El arzobispo de Santiago, Dionisio Garcia, anfitrión de la ceremonia y quien le dio la bienvenida al Papa también en esa ciudad fue elocuente en sus palabras.
“Somos un pueblo mestizo, de culturas y orígenes diversos que se mezcló racial, social, y culturalmente en esta isla hermosa…adonde quiera que estemos, llevamos con orgullo el nombre de “cubano”, recelamos de toda injerencia foránea en nuestros asuntos y nos sentimos comprometidos en lograr, con esperanza y decisión, una república próspera, incluyente y participativa”, dijo.
García lamentó que a pesar de ser un pueblo plural y debido a “egoísmos, la incapacidad de dialogo y de respeto al otro” muchos cubanos se vieron afectados por la violencia “que hace sufrir a todos, hiere la dignidad, no beneficia a nadie y dificulta el verdaderodesarrollo material y espiritual de nuestro pueblo. Es necesario superar todas las barreras que separan a los cubanos entre sí. Este es un deseo querido por todos”.
Benedicto XVI le dio la comunión a varios feligreses mientras monaguillos sostenían un paraguas blanco sobre su cabeza pues una llovizna que roció la plaza.
“Es un momento emocionante para mí”, dijo con los ojos húmedos Irena Abreu, de 26 años a The Associated Press. “Estaré mas cerca de Dios”.
“El pueblo cubano lo necesita”, dijo Jorgelina Guevara, un ama de casa de 59 años mientras el sol se ocultaba y el intenso calor empezaba a ceder. “El es el vicario de Cristo, su mensajero”.
Poco antes de que se iniciara la misa, un hombre luciendo una camiseta oscura y una gorra en la cabeza gritó “abajo la revolución, abajo la dictadura”. Agentes de seguridad rápidamente llevaron al hombre afuera de la plaza. La persona no fue identificada y no es un disidente conocido.
Al final de la misa, el presidente Raúl Castro subió los escalones hacia el frente del altar y a un lado saludó y estrechó brevemente las manos del Pontífice.
Abajo, miles de feligreses gritaban “viva el Papa”.
El Pontífice pasará la noche junto a la capilla de la santa patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre y las primeras horas del martes orará a la Virgen, aparentemente en un evento cerrado, y luego se dirigirá al aeropuerto para viajar a La Habana, ciudad dónde culminará su gira el miércoles.
Los tres días que Benedicto XVI estará en Cuba inevitablemente desatarán las comparaciones con la histórica visita de Juan Pablo II en 1998, cuando Fidel Castro cambió su uniforme militar por el traje y corbata para saludar al líder del mundo católico en el aeropuerto de La Habana y Juan Pablo II, que ayudó a tumbar el régimen comunista de la Unión Soviética y Europa del este, le pidió a Castro que liberara a los presos de conciencia, prohibiera el aborto y le diera el lugar que la iglesia Católica merece.
Estas comparaciones también fueron evidentes en México, país que Juan Pablo II visitó cinco veces durante sus 27 años de pontificado. Con su viaje al país azteca, Benedicto XVI pareció dejar la impresión de que es un Papa distante y frío que nunca podrá competir con el carisma y la conexión personal forjadas por su antecesor.
Hoy en Cuba, Benedicto XVI dijo que llevaba en su corazón “las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos, dondequiera que se encuentren, sus sufrimientos y alegrías, sus preocupaciones y anhelos más nobles y de modo especial de los jóvenes y los ancianos, de los adolescentes y los niños, de los enfermos y los trabajadores, de los presos y sus familiares, así como de los pobres y necesitados”.
Pero no hizo referencia a los “prisioneros políticos” tal y como hiciera su antecesor Juan Pablo II cuando visitó la isla.
Hasta ahora no se ha confirmado si el ex presidente Fidel Castro asistirá a algunos de los actos que celebre el Pontífice o si va a acudir a alguna reunión con funcionarios del gobierno.
El Vaticano tampoco ha confirmado que el Papa reciba al presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien llegó al borde de la medianoche del sábado para iniciar una ronda de radioterapia tras su operación en febrero de un tumor canceroso.
El arribo papal a la isla se hizo a bordo de un vuelo especial de la aerolínea Alitalia, proveniente de México. El aeronave llevaba una bandera del Vaticano y otra de Cuba en la punta del avión.
El Papa descendió las escaleras y fue recibido en la pista de aterrizaje por el presidente Castro, vestido con traje y corbata, a quien le estrechó ambas manos.
Luego caminaron sobre una alfombra roja en medio de honores militares, bendijo a dos niños y se sentó con Castro sobre dos asientos y un toldo que los protegían de un sol de 31 grados centígrados.
“La Constitución garantiza plena libertad (religiosa)”, dijo Castro en su discurso de bienvenida. “El gobierno guarda buenas relaciones con todas las religiones. En nombre de la nación, le doy la más calurosa bienvenida”.
“Nos satisfacen las estrechas relaciones entre la Santa Sede y Cuba que se han desarrollado sin interrupción durante 76 años siempre basadas en el respeto mutuo”, agregó Castro.
El Papa replicó diciendo que aún faltan “muchos aspectos” por avanzar en las relaciones entre la iglesia y el estado cubano, “especialmente por cuanto se refiere a la aportación imprescindible que la religión está llamada a desempeñar en el ámbito público de la sociedad”, dijo Benedicto en su discurso de arribo. “Uno de los frutos importantes de aquella visita (de Juan Pablo II) fue la inauguración de una nueva etapa en las relaciones entre la iglesia y el estado cubano, con un espíritu de mayor colaboración y confianza”.
Tras la visita, la Navidad fue declarada nuevamente un festivo nacional.
Horas antes, Benedicto XVI se había desplazado desde el aeropuerto de Santiago hasta la sede del Arzobispado en su Papamóvil mientras miles de personas lo saludaban a ambos lados de la vía.
La estatua de la Virgen de la Caridad del Cobre llegó a la plaza en una caja de vidrio transparente sobre el techo de una camioneta blanca mientras las personas agitaban banderas amarillas y blancas.
María Elisa León, de 58 años, junto a una compañera de trabajo, afirmó que era “creyente pero también revolucionaria”.
“Es bueno que nuestro gobierno le permitiera al Papa venir para que vea que en Cuba no sucedes las cosas que dicen en el exterior los enemigos nuestros”, dijo León.
La plaza está acondicionada para recibir a unas 200.000 personas, según la información de los organizadores y se prevé que autobuses de otras localidades del oriente del país lleguen para el evento.
Las autoridades permitieron hoy que los trabajadores se ausentaran por algunas horas de sus centros de trabajo.
En las inmediaciones de la catedral y las zonas céntricas se observaban algunos carteles dándole la bienvenida a Benedicto XVI.
“Yo trabajo en una farmacia, nosotros le damos servicios a la población, no se interrumpe el servicio pero los compañeros van a participar del cordón de recibimiento, de ahí vamos a la misas en la plaza… es un honor para todos los santiagueros recibir nuevamente a un Papa”, dijo Juana García, de 36 años, a la Associated Press.
“Se prepararon todas las condiciones y estamos orgullosos de recibirlo aquí”, dijo a la AP Humberto Sabignes, un trabajador de 40 años que aguardaba en las inmediaciones de la plaza.
Por la noche del domingo y madrugada del martes jóvenes católicos del oriente del país se reunieron en una parroquia para una vigilia, rezaron, oraron y festejaron su arribo a tierras santiagueras.
“La gente necesita esperanza en Cuba, de una vida más digna, más de Dios y esperan eso del Papa, un mensaje de aquello que ya predijo Juan Pablo II, que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba y que los cubanos seamos protagonistas de nuestra historia”, dijo el sacerdote Rolando Montes de Oca, uno de los responsables de la actividad.
Castro aprovechó la visita papal para insistir en las críticas al embargo estadounidense. “La potencia más poderosa que ha conocido la historia ha intentado despojarnos, infructuosamente, del derecho a la libertad, a la paz y a la justicia”, dijo.
Aunque el viceministro de Turismo, Alexis Trujillo aseguró que la isla no registró un crecimiento sustancial del turismo extranjero a raíz de la visita del papa Benedicto XVI, centenares de peregrinos estadounidenses llegaron, muchos de Miami, para participar en la misa en Santiago y luego planean ir a La Habana.