La india estadounidense Catalina Tekakwitha (1656-1689) se convirtió en la primera santa amerindia, tras ser canonizada por Benedicto XVI junto a otros seis beatos.
Tekakwitha nació en 1656 en Auriesville (Nueva York), de padre mohawk y madre algonquina cristiana, quien le trasmitió la experiencia del Dios vivo.
Cuando era aún niña fallecieron sus padres y su hermano de viruela y Catalina "Kateri" pasó a ser cuidada por su tío, que odiaba el cristianismo.
Fue bautizada a la edad de 20 años y para escapar de la persecución y de un matrimonio impuesto se refugió en la misión de San Francisco Javier, cerca de Montreal.
Allí trabajó hasta que murió a los 24 años, "fiel a las tradiciones de su pueblo, pero renunciando a las convicciones religiosas del mismo", según destacó Benedicto XVI.
"Llevando una vida sencilla, Kateri permaneció fiel a su amor a Jesús, a su oración y a su misa diaria. Su deseo más alto era conocer y hacer lo que agradaba a Dios", subrayó el papa.
Kateri, según el Pontífice, "impresiona" por la firmeza de una vocación tan particular para su cultura.
"En ella, fe y cultura se enriquecen recíprocamente. Que su ejemplo nos ayude a vivir allá donde nos encontremos, sin renegar de lo que somos, amando a Jesús. Santa Kateri, protectora de Canadá y primera santa amerindia, te confiamos la renovación de la fe en los pueblos originarios y en toda América del Norte. Que Dios bendiga a los pueblos originarios", manifestó Benedicto XVI.
Según el postulado de la Causa de Canonización, Paolo Molinari, el hecho de que la Iglesia la haya declarado santa supone para los indios de Norte América "un reconocimiento de la tribu y de su riqueza".
"Canonizando a una india norteamericana se pone de manifiesto no solo a una persona, sino todo lo que esta representa: una cultura de la tradición, un modo de vivir con una cordial relación, como hacen ellos en la tribu", señaló Molinari.
De Catalina destacó el postulador que mientras las mujeres de su tribu iban de caza, ella rezaba a Jesús delante de una cruz que había construido con ramas de árboles.
En su corta vida, Catalina cuidó de las personas mayores y enfermas y enseñó a rezar a los niños.
La nueva santa fue beatificada por Juan Pablo II en 1980 y presentada como un modelo para todos los jóvenes del mundo en la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en 2002 en Toronto (Canadá).