A más de 50 años de su creación, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) enfrenta una situación difícil y compleja. Tanto la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) han realizado aportes fundamentales no sólo a la protección de las libertades y los derechos, en particular de las víctimas, sino que a lo largo de estos años ha contribuido también, y decididamente, al fortalecimiento de la democracia desde los derechos humanos.
A pesar de los aportes, se ven en el horizonte desafíos significativos. En la pasada Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), realizada a principios de junio en Cochabamba, Bolivia, el comisionado presidente de la CIDH, Jesús Orozco, sintetizó: "Lo que está en juego, que nadie tenga duda, es el patrimonio que los Estados, la sociedad civil y los propios órganos interamericanos hemos construido para que las actuales y futuras generaciones de todo el hemisferio puedan gozar de sus derechos humanos".
El patrimonio referido por Jesús Orozco, producto de una construcción colectiva, ha implicado un enorme esfuerzo a lo largo del tiempo. De hecho podemos ubicar cuatro etapas del desarrollo de la Comisión Interamericana: 1) El momento fundacional e inicio del desarrollo de los estándares del SIDH, que han avanzado en paralelo y simultáneamente en diálogo con otras instancias internacionales; 2) El enfrentamiento a las dictaduras y a los gobiernos de facto producto de los muchos y diversos golpes de Estado en la región; 3) La transición a la democracia y el regreso de gobiernos democráticamente electos, bajo un marco de pluralidad; y 4) La etapa del fortalecimiento de la democracia, libertades y derechos y de la del SIDH.
Ahora se vive una nueva realidad en el continente americano, lo que presenta a su vez nuevos retos a la CIDH. Por una lado, la Comisión es depositaria de la confianza de cientos de víctimas que cada año solicitan su intervención cuando, en muchas ocasiones, no encuentran respuesta en los países de origen. En realidad, para muchas personas la CIDH representa su última esperanza. Este signo tan alentador, genera en contraparte que la capacidad instalada se ponga en tensión para responder de la mejor manera. La debilidad financiera tanto de la CIDH como de la CoIDH constituyen un verdadero obstáculo para atender a quienes a ella acuden. La falta de personal y recursos juegan en contra de un sistema que cada vez tiene más demanda.
Por otra parte, existen tensiones entre la dinámica de la Comisión, la visión de algunos Estados y de organizaciones de la sociedad civil. En un plazo, que no deberá exceder del primer trimestre del año 2013, se deberá encontrar la fórmula para construir los consensos y las expresiones jurídicas que permitan responder y atender, desde la autonomía e independencia de la CIDH, dichas tensiones. Cómo fortalecer el sistema de casos y peticiones, la observancia de los derechos humanos en los Estados miembros, así como los instrumentos que ayuden para llegar a esos fines, tales como las medidas cautelares y las provisionales son temas medulares estos meses por venir.
Adicionalmente, existen nuevas agendas que requieren respuestas, las tensiones entre desarrollo y derechos humanos; la discriminación que afecta estructuralmente el ejercicio de los derechos de mujeres; niños, niñas y adolescentes; comunidad LGBTTTI; trata de personas; pueblos y comunidades indígenas, entre otros. A esto se debe sumar la situación de negación de derechos que viven grandes porciones de población cuando en situación de pobreza están en una situación de negación del ejercicio muchos derechos. Por otro lado, hay todavía herencias e inercias de viejas prácticas que atentan contra los derechos civiles y políticos que no se pueden hacer a un lado.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene una importante misión, goza de confianza de Estados, víctimas y de múltiples organizaciones de la sociedad civil, y cuenta con una jurisprudencia y marco normativo que es referente a nivel mundial. Dispone también de un pleno con comisionados y comisionadas que tienen una destacada y reconocida trayectoria y un staff profesional capacitado. Pero quizá lo más significativo es la posibilidad de contribuir, desde el ámbito de su competencia, a la construcción de la esperanza y la dignidad en el Continente Americano.