El Departamento de Estado de Estados Unidos condenó hoy la escalada hostil entre Sudán y Sudán del Sur, así como el avance de este último sobre una ciudad sudanesa centro de la disputa en una zona fronteriza rica en yacimientos petrolíferos.
Estados Unidos condenó "la implicación de las Fuerzas Armadas de Sudán del Sur en el ataque y ocupación de Heglig", una ciudad dentro de territorio de Sudán, algo que supone un giro de los acontecimientos tras los ataques de Jartum sobre posiciones del sur.
Según indicó la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, en un comunicado, ese acto de la recién creada nación del sur "va más allá de la autodefensa y ha incrementando la tensión entre Sudán y Sudán del Sur".
Estados Unidos reiteró además su condena a los continuos bombardeos de las fuerzas aérea sudanesas sobre su vecino meridional, algo que ha elevado las voces críticas de organizaciones por los derechos humanos y ha roto las previstas conversaciones entre líderes de los dos países.
"Ambos gobiernos deben acordar inmediatamente un cese incondicional de las hostilidades y retirar todas las fuerzas desplegadas" en la frontera, una zona crítica en las relaciones de la región, ya que son ricas en yacimientos petrolíferos.
Nuland urgió a los dos países a contenerse y volver a poner en marcha los mecanismos elaborados con Naciones Unidas para controlar que se respetan los acuerdos fronterizos y de control.
La continuidad de la violencia, en opinión de Washington, mina los progresos para la creación de dos estados después de décadas de guerra civil, y es necesario que los líderes de los dos países se reúnan para la implementación del plan de paz.
La regiones de Kordofán del Sur y Nilo Azul son las más afectadas por los ataques armados entre los dos países, que se disputan el control de los vitales recursos petroleros que descansan en el subsuelo a lo largo de la frontera.
La ciudad estratégica de Heglig ha estado en el centro del incremento de los choques en las últimas dos semanas entre los dos ejércitos.
Los dos países habían acordado delimitar las nuevas fronteras y compartir los ingresos de los recursos petroleros, que una vez extraídos deberían atravesar Sudán por un oleoducto para ser comercializados a través de la costa del Mar Rojo.