Son muchos los hombres que, voluntaria o involuntariamente, abandonan su vida de trabajo. Incluso hay muchos hombres de más de cincuenta años que se quejan porque debido a su edad muchas empresas ya no los ven como personas productivas y por lo tanto, no encuentran trabajo. Muchas personas se ven obligados a abandonar su empleo, el cual, a menudo, representa su único y más dinámico contacto con la vida.
El "retiro" o jubilación es por lo general un concepto negativo, representa para muchos lo contrapuesto a vivir; es una de las peores palabras del diccionario. Muchos son los hombres que se derrumban rápidamente después del retiro. La sensación de que ya no son miembros productivos de la sociedad les hace sentir como seres humanos sin ningún valor. La inactividad los aburre y tienen la impresión de que ya no cuentan para nada. La imagen que tienen de sí mismos es negativa y muchos incluso mueren a los pocos años de haberse retirado.
El retiro del empleo daña gravemente la autoestima de muchos hombres. Retirarlos de la vida de las empresas dinámicas, literalmente los mata. Cuando la actitud es negativa ante el retiro, qué horrible debe ser la vida sentado en una banca de una plaza esperando la muerte. Debe ser muy duro temer a la muerte, todos queremos ir al cielo pero nadie se quiere morir.
Quien se retire de su trabajo alrededor de los 65 años, debe, ante todo, buscar otras actividades que sustituyan dicho trabajo. Si no hace planes no encontrará con qué llenar el vacío de sus días de manera que éstos sigan siendo productivos. Si la persona que se retira tiene recursos creadores o si los adquiere, sus días de retiro serán años de cosecha, dedicado a las cosas que siempre quiso hacer pero para las que nunca tuvo tiempo.
Para quien, a pesar de los años, sigue siendo joven, después de los sesenta todavía existe la posibilidad de crecer en terrenos que nunca llegó a explorar, siempre hay nuevos mundos que conquistar, nuevas formas de entregarse a la vida y a los semejantes.
Con el aumento vertiginoso en la expectativa de vida en las próximas décadas (ya vamos en 75 años), a una persona recién jubilada a los 60, le podremos preguntar con total coherencia ¿y tú qué quieres ser cuando seas mayor? Porque estará en el umbral de un periodo de unos 20 ó 30 años más de vida activa con tiempo para elegir y estudiar otra carrera universitaria, o aquella que siempre quiso y nunca pudo de joven; aprender algún oficio nuevo o bien ocupar su tiempo en alguna dedicación cultural, artística, consultiva, etc., con la gran ventaja de que podrá elegir, lo que realmente le gusta hacer. Es posible que por fin pueda disfrutar de lo que hace si no sucedía así. Hay que hacer planes, no en forma indolente y con pesimismo, sino con mucho ánimo. La persona debe seguir viviendo, puesto que la vida no es solamente para los jóvenes de edad sino también para los jóvenes de corazón.
Hay lectores que pueden ser jóvenes, sin que importe cuál sea su edad en años. Hay personas que ya son viejas a los 40 años. "Se murió a los 40, lo enterraron a los 70", porque la imagen que tienen de sí mismos se ha agotado. Y hay personas que a los 80 años siguen siendo jóvenes de espíritu. Quien cree que a determinada edad se convierte automáticamente en anciano, está preparándose para imágenes que serán metas negativas. Al disminuir las actividades físicas y mentales, perdemos al mismo tiempo la flexibilidad de las articulaciones así como la fuerza vital de la mente y del espíritu. Cuando se observa este tipo de actitud, lo natural es que se envejezca. Sin embargo, hoy en día, una persona de 65 años es sólo de edad mediana. Los adelantos que se han logrado en la medicina aumentan la probabilidad de vida y las enfermedades que hoy se temen como fatales, serán curables el día de mañana.
Todo tiene sus límites, como es natural, cuando se tienen 65 años, ya no se puede jugar basquetbol a la misma velocidad ni se corre un kilómetro para imponer un nuevo récord. De cualquier manera, hacer ejercicio adecuadamente es bueno en todas las épocas de la vida. Cuando no se hace algo productivo, se está aburrido y es cuando la persona muere por dentro.
Retirarse de la vida es un acto criminal, puesto que es algo autoimpuesto. Quien se aleja de sus metas diarias se convierte en un traidor a sí mismo que niega la fuerza vital que Dios le ha dado. La edad no es, para nada, excusa ni pretexto. Pero, ya sea que el retiro sea obligatorio o voluntario, hay que recordar una vez más que es necesario, ante todo, prepararse para nuevas formas de vida.
Mucha gente piensa que el dinero es la solución para el retiro, pero miles de experimentos hechos acerca de la longevidad, indican que no es así. El dinero no constituye un factor clave para la dicha de los ancianos. Los investigadores encontraron que la preparación, la vitalidad, el interés por el mundo contemporáneo, el trabajo y la capacidad de encontrar agrado en la relación con los demás son las cosas que hacen dichosas a las personas en el retiro.
Quizá estemos obligados a aceptar una jubilación laboral injusta y prematura pero socialmente legal y aceptable. Sin embargo, la jubilación de vivir la decidimos cada uno de nosotros, no tenemos por qué jubilarnos de la vida presionados por el entorno. Esa es una decisión muy personal. Los efectos psicológicos de una jubilación forzada pueden provocar que una persona acelere su proceso de envejecimiento, en comparación con otra que continúa activa en su profesión u oficio. Los aspectos negativos de la jubilación se inician en la mente y luego se reflejan en el cuerpo físico, cuando las células obedecen las órdenes que reciben de ir "apagando el sistema".
Quien tiene verdadero amor propio y siente que todavía es joven y que sigue teniendo algún atractivo, creará muy dentro de sí ideas con espíritu y metas que seguirán impulsándole. Quien ama la vida, no se retira jamás de ella.