El abuso de substancias psicotrópicas, constituye uno de los problemas de salud pública de nuestra época, que se presenta tanto a nivel nacional como internacional. Este fenómeno de salud afecta, sin distinción de género, incidiendo principalmente en niños y adolescentes, de cualquier estrato social y de todas las regiones de nuestro país.
Los estudios epidemiológicos, tanto nacionales como mundiales nos demuestran que este fenómeno es cambiante y se presenta con mayor frecuencia en jóvenes y con substancias más dañinas. Además se observa un aumento en el uso de drogas en la mujer, tanto legal como ilegal.
Diversas encuestas en hogares se han realizado en nuestro país en relación al uso de sustancias. Algunas de ellas con representatividad nacional como lo son la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA).
Los resultados obtenidos por la ENA 2011 permiten, estimar la prevalencia del consumo de alcohol, tabaco y drogas, en la población de 12 a 65 años.
El 71.3% de la población ha consumido alcohol alguna vez en la vida; por cada tres hombres adolescentes que tienen una posible dependencia hay una mujer, mientras que en adultos la relación es de seis a uno.
Para las mujeres, la droga de impacto fue alcohol en 53%; 13.7% tabaco, 12.4% marihuana, 11% solventes y 3% cocaína. En el caso del alcohol, se tenía registro de que en el 2008 70,039 mujeres bebían; el año pasado, la estadística reflejó que la cantidad aumentó a 91,108.
Las características de este sector de la población que han sido envueltas por las adicciones son: 71.4% son solteras, 49% menores a 18 años de edad; 27% está en el rango de 35 a 65 años, y 19.7% de 18 a 34. En cuanto a escolaridad, 53.7% tienen secundaria; 21.7% bachillerato; 13.6% estudios superiores; 13.6% primaria, y 6% estudios superiores.
Las mujeres adictas a sustancias presentan un riesgo tres veces mayor de ser víctimas de violencia de género, esta situación puede darse por su especial vulnerabilidad, poca asertividad o propensión a padecer depresión.
Cabe destacar que la adicción al alcohol es el trastorno más frecuente como desencadenante de un episodio de violencia sobre la pareja. Las personas con dependencia del alcohol son más propensas a cometer actos de violencia física en los días en los que ha bebido.
Por ello es importante, realizar programas preventivos y asistenciales en los que se consideren la integridad y la equidad de género. En los que se advierta a las mujeres sobre las consecuencias de las adiciones.
Como institución gubernamental trabajamos en políticas públicas para prevenir y atender este tipo de problemáticas, que afectan a la mujer.