Durango

CRECEMOS EN IGUALDAD

FÁTIMA GONZÁLEZ HUIZAR DIR. INSTITUTO DE LA MUJER DURANGUENSE

La violencia en el noviazgo es un fenómeno multicausal y con distintas variantes. Es decir, por violencia en el noviazgo se entiende el abuso físico, mental o emocional que una persona en una relación de pareja ejerce sobre la otra sin que entre ellas exista necesariamente un contrato o vínculo matrimonial.

En México, 76 % de las parejas en noviazgo enfrentan violencia física o verbal por asumir patrones de conducta similares a su entorno micro y macro social. Lo alarmante de la violencia en el noviazgo que tiende a crecer. Comienza con detalles como apodos ofensivos, empujones "en broma", chantaje, manipulación, celos, control, hasta que merma tanto la autoestima que llega a la parte sexual y, finalmente, a los golpes.

Según la Encuesta Nacional sobre Violencia en el Noviazgo dirigida a jóvenes de entre 15 y 24 años, donde el 6.8% de las y los jóvenes reportaron haber sufrido violencia física; 39.4% sufrió violencia emocional y 8.2 % violencia sexual.

La solución al problema de la violencia en pareja debe ser profesional y en el que intervengan distintos sectores, quiere decir, involucrar a distintas instituciones del gobierno y organizaciones de la sociedad civil para trabajar de manera conjunta y abordar de forma integral las consecuencias de la violencia, evaluar las necesidades de las víctimas y de los generadores de la misma y brindar protección a quienes lo requieren.

Es necesario fomentar una cultura de respeto en las relaciones en pareja con la finalidad de eliminar cualquier práctica violenta y así evitar que el problema trascienda hasta llegar al extremo del feminicidio, pues la mayoría de las víctimas de este crimen viven dentro del contexto de una relación de maltrato.

Cabe destacar que el problema de la violencia en el noviazgo no se presenta en la misma tónica ni al mismo nivel en todas las relaciones. Algunos casos registran únicamente violencia física, otros sólo violencia psicológico y otros, ambos tipos. Aunque se trata de un problema que no afecta a la mayoría de los jóvenes mexicanos, la gravedad está en que estos casos siguen presentándose en una minoría, lo cual no disminuye su gravedad.

No obstante, queda claro que la violencia en el noviazgo es tan sólo un efecto y no una causa. Es decir, para efectos de política pública, el problema fundamental a resolver no está en que los jóvenes que incurren en ello, cesen de ejercer violencia en el noviazgo. La causa es más profunda y tiene que ver con el desarrollo de estos jóvenes y el contexto en el que se desenvuelven. Se relaciona, sobretodo, con su situación familiar.

La violencia en el noviazgo no es tipificada como un delito, a diferencia de un matrimonio, en el que este fenómeno es incluso causal de divorcio. No obstante, diversas corrientes teóricas sobre comportamiento delictivo afirman que el contexto en el que vive una persona incide directamente en sus probabilidades de ejercer violencia y delinquir.

De esta forma, la familia, el lugar de residencia y las relaciones sociales, entre otros elementos, influyen en las decisiones de una persona y en la forma en la que se relaciona con su entorno y semejantes.

Es así que la familia es el núcleo a través del cual se puede combatir la violencia en el noviazgo, así como tantos otros problemas públicos que se originan en el individuo, quien a su vez se desarrolló en un entorno que lo influyó de forma determinante.

Las personas, y naturalmente los más jóvenes, buscan vivir en pareja. Es un destino natural. Las relaciones humanas y la forma en la que se afronta la vida son quizá los aspectos más importantes que se aprenden en el espacio familiar.

No sorprende, entonces, que las familias disfuncionales o fracturadas por alguna razón, generen nuevas distorsiones en el entramado familiar y social de los individuos que las conforman.

Así pues, la violencia en una relación de noviazgo es tan sólo un efecto de la experiencia previa y formativa del violento. Es una violación más a la dignidad de la persona humana.

Este desorden tiene solución en tanto problema público definido y abatible, misma que comienza en la voluntad de formar jóvenes alejados de la violencia intrafamiliar y de los contextos que a ella contribuyen. La solución, asimismo, es la eliminación de la violencia en el noviazgo, y debemos procurar en principio eliminar la violencia en las familias.

Porque noviazgos violentos generarán familias violentas. Y hoy es un hecho que las familias violentas originan noviazgos violentos. El círculo vicioso puede ser virtuoso, sólo hay que empezarlo desde el origen, y ese origen está en las familias.

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