En Los límites del crecimiento de 1972 el llamado Club de Roma, un grupo de empresarios, académicos y funcionarios, pronosticó que en un máximo de 100 años la industrialización, la producción de alimentos, la contaminación y la explotación de los recursos naturales llegarían a un límite y producirían un colapso económico y humano. "En un planeta limitado -argumentaba el estudio-las dinámicas de crecimiento exponencial no son sostenibles."
A 40 años de distancia las predicciones han resultado "monumentalmente equivocadas", señala el sueco Bjorn Lomborg, el "ambientalista escéptico", en el número de agosto de Foreign Affairs; pero "han ayudado a establecer los términos del debate sobre temas cruciales de política económica, social y particularmente ambiental con efectos malignos que han quedado alojados en la conciencia pública". El mundo se preocupa hoy "de manera obsesiva por remedios a problemas menores mientras ignora preocupaciones mayores y la manera sensata de enfrentarlas".
Los límites del crecimiento nunca tomó en cuenta el papel de la tecnología y los incentivos económicos. Consideraba que para 2012 se habrían agotado 12 de 19 recursos naturales cruciales: mercurio, aluminio, cobre, oro, plomo, molibdeno, gas natural, petróleo, plata, estaño, tungsteno y cinc. Ninguno, sin embargo, ha desaparecido; las reservas de hoy son superiores a las de 1972. Al contrario de lo que planteó el Club de Roma, los precios de las materias primas han caído en el último siglo y medio.
Las predicciones sobre producción agrícola y contaminación estuvieron todavía más equivocadas. El consumo de alimentos sí ha crecido, pero en ningún momento se ha producido el colapso en la producción que se esperaba. No solamente hay una mayor disponibilidad de alimentos sino que "la población malnutrida ha bajado de 35 por ciento a menos de 16 por ciento". Más de dos mil millones de personas han alcanzado adecuados niveles de nutrición en los últimos 40 años.
El Club de Roma afirmaba que si la escasez de recursos naturales o alimentos no producía un colapso entonces lo haría la contaminación. Los reglamentos ambientales y la tecnología, sin embargo, han reducido de manera dramática la contaminación en los países desarrollados. En las naciones pobres el principal asesino es la contaminación del aire dentro de las viviendas producto del uso de tecnologías atrasadas, como la madera y el carbón para cocina o calefacción. Una mayor introducción de tecnologías modernas, como el gas doméstico, sería la manera de enfrentar este reto. Hay muchos problemas por resolver, pero no hay duda de que la contaminación no está a punto de empujar el planeta al desastre.
El Club de Roma sugería que la única forma de evitar el colapso de la humanidad era detener el crecimiento económico. Lomborg sostiene, por el contrario, que la expansión económica y la tecnología son el camino para dar un mejor nivel de vida a los seres humanos. La filosofía de Los límites del crecimiento, sin embargo, ha permeado a la sociedad y hoy hay millones de personas que de buena fe piensan que la forma de evitar un colapso del planeta es detener el progreso económico.
Es un error pensar que el futuro de la humanidad depende más del Protocolo de Kioto que de la Ronda de Doha, afirma Lomborg. "Una expansión del comercio lograría beneficios cientos o miles de veces mayores que las débiles limitaciones a las emisiones" de Kioto. "Ha llegado el momento de aceptar que el crecimiento económico, por falta de una mejor palabra, es bueno, y que el mundo necesita más y no menos de él".
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