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DE LA VIDA MISMA

Lic. Miguel Ángel Ruelas

Papá

Desempeñó los más variados oficios y empleos.

Cuando éramos niños lo ubicamos como carpintero, sudando siempre y siempre contento y muy bromista.

Después mamá lo hizo comerciante pues ella venía de ese ramo.

Posteriormente lo perdimos de vista varios años, había entrado a los transportes de carga y viajaba a los puertos.

Le fue mal y regresó con una mano atrás y otra adelante, sin quejarse, sin hablar mal de nadie porque así era él.

Aparecieron los tiempos difíciles en serio. Desempolvó la garlopa, el berbiquín, serrucho y martillo y otra vez fue carpintero.

Pero no le iba bien y entró de velador en una pensión.

Cuidó gallinas y luego puso otra tiendita hasta que una noche el techo se vino abajo y se acabó tienda y casa.

Tuvo a su cargo una tortillería donde se trabajaba desde la madrugada hasta ya tarde.

Unos amigos que visitaban la casa lo invitaron a irse con ellos a perforar pozos para riego en el campo. Un domingo quisimos ir a visitarlo para estrenar nuestra primera bicicleta. Teníamos 14 años y ya trabajábamos en esta casa. Mamá nerviosa y preocupada quería evitarnos el viaje pero la decisión estaba tomada.

El lugar estaba más allá de Matamoros, Coah. Buenos para pedalear pronto llegamos. Pero no hallábamos a papá entre los trabajadores, y la gente que ahí estaba ni nos tomaba en cuenta ocupada en sus tareas.

De pronto uno de los que conocíamos lanzó insultos contra alguien que estaba mero arriba de la torre de perforación, diciéndole: Ándale chango hijo de la… ya termina.

Y allá arriba estaba papá sudando y esforzándose por hacer su tarea, en medio de un viento frío que congelaba el lugar.

Aquello nos impresionó. Papá se sorprendió al vernos y no le dio importancia a la forma en que lo trataban, como era su costumbre,

Regresamos con los ojos húmedos de aquella visita, queríamos crecer y tener recursos para que papá tuviera una cosa distinta.

Tardó el deseo varios años hasta que un día le dijimos. Qué le gustaría tener papá otra tienda, una ferretería una tortillería o qué.

Él feliz nos dijo, ponme una dulcería. Y le cumplimos su deseo. Ahí pasó sus últimos días en este valle sin quejarse de nada y de nadie, como era su costumbre.

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