Torreón, ciudad mágica.
Así la describimos en una de las cartas que enviamos al abuelito Antonio G. Ruelas, asombrados y encariñados con lo que íbamos conociendo de esta Perla de La Laguna, que tenía gran despegue al doblarse por la mitad el llamado Siglo XX.
Le decíamos a Papá Toño que Torreón era como la suerte de un mago, que decía nada por aquí, nada por allá. Abría sus manos y aparecía, sacada de la nada, donde sólo había desierto, la más hermosa joven y bella ciudad.
De ella nos fuimos encariñando día a día y más influyó la clase de trabajo que teníamos, dentro de una empresa editorial, dedicada a tomarle el pulso a una comunidad, a narrar sus vivencias, sus logros e inquietudes, con seriedad, veracidad y amenidad. Y es que aquí, como decía don Antonio de Juambelz el gran jefe, se hacía de hombre y de mujer. En ocasiones éramos ayudantes de taller, luego oficinistas y hasta fotógrafos.
Además, todo quedaba cerca, así que nos tocó ver la construcción del moderno Torreón. Un día, por la avenida Morelos empezó la construcción de sus edificios más altos. Por la calle Valdés Carrillo se excavó profundo y ahí se levantó el edificio del Banco de Monterrey, enseguida el Hotel Elvira que después se llamaría Palacio Real, luego el Hotel Río Nazas y en Juárez y Ramón Corona el Hotel Calvete.
Nuestro gran placer es asistir a las funciones de cine, lo mismo en el Isauro Martínez que en el Princesa, Modelo, Cinelena, o Royal.
Pero la noticia que impactó a la región se dio a fines de noviembre de 1952, con la inauguración de una sala cinematográfica moderna y de gran comodidad, bautizada como el Teatro y Cine Nazas.
En la inauguración, la señora Carmen Pámanes de Haces Gil dirigió una comedia musical que se llamó Ayer y Antier, utilizando jóvenes de la sociedad lagunera, y lo recaudado fue para apoyar a la escuela Primaria de la Carlos Pereyra. Resultando todo un éxito el evento.
Al día siguiente pudimos disfrutar de las dos películas que entonces se proyectaban. Y luego surgió ahí la novedad de hacer cola para comprar los boletos, pues era tanta la demanda que tenían las funciones que nos obligaban a estar de pie acompañados de la novia esperando las famosas entradas.