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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

ARMANDO CAMORRA

El recién casado asistió con su esposa a una fiesta en el departamento de un amigo de ambos, soltero él. En lo más animado del festejo el casado le dice en voz baja a su amigo: "Acabo de ligar con una chica. ¿Puedo usar tu recámara para un rapidín?". "Desde luego que sí -accede el amigo-. Pero ¿y tu esposa?". "No se dará cuenta -aduce el otro-. Debe estar por ahí platicando con sus amigas". "No -le dice el anfitrión-. Tendrás que esperarla. Parece que ella también ligó con alguien, porque hace un rato me pidió la recámara". Don Valetu di Nario, señor de edad madura, se quejó con el médico de que no oía bien. Lo revisó el doctor y le informó: "Trae usted un supositorio en el oído". "¡Santo Cielo! -exclamó don Valetu-. ¡Ahora ya sé dónde puse mi aparato para la sordera!". Admiro a Josefina Vázquez Mota desde que la conocí. Es una mujer inteligente y generosa que ha hecho mucho bien. A base de tesón y esfuerzo conquistó muchas metas valiosas. Tanto en la empresa privada como en el servicio público ha puesto lo mejor de sí misma, y ha mostrado cualidades de excelencia. Creo que es una espléndida representante de la mujer mexicana, y me alegró mucho que a pesar de la resistencia de algunos señores ganara la elección interna de su partido, el PAN, y se convirtiera en candidata a la Presidencia de la República, la primera con posibilidades reales de obtener el triunfo. En su campaña tuvo tropiezos de consideración, fruto de errores ajenos más que propios. Su talento, su carisma y entrega la hicieron mantenerse firme. Es cierto: no consiguió marcar en forma clara qué es lo que la hacía diferente, según rezaba el lema principal de su propaganda, y tampoco logró deslindarse de la administración calderonista. En tal sentido fue otro error su anuncio, hecho ya casi al final de la campaña, de que en el caso de resultar vencedora le pediría a Felipe Calderón que ocupara el cargo de Procurador de la República. Inexplicable resulta esa declaración si se toman en cuenta la imagen del Presidente, los riesgos que correría en el desempeño de ese cargo y los efectos de la lucha que emprendió contra la delincuencia. Aun así pienso que Josefina hizo una magnífica campaña en el curso de la cual probó tener, a más de fortaleza física, entereza moral y congruencia política. Independientemente del resultado de la elección, ya es una triunfadora. Si no gana -en estos menesteres los milagros son de difícil realización- merecería quedar en segundo lugar. Su participación en el proceso es evidencia de lo que puede conseguir una mujer, aun luchando en circunstancias adversas. Si los electores sufragaran atendiendo solamente a motivaciones de orden ético, sin consideraciones de índole pragmática, no cabe duda de que la mayoría de los votos serían para ella. Otros factores, sin embargo, inciden en las votaciones y, en efecto, sería un milagro que Josefina ganara la elección, pero la historia registrará su nombre como el de una buena mexicana que se entregó con pasión e idealismo a buscar el bien del País. Pase lo que pase mañana, Josefina Vázquez Mota seguirá figurando -así lo espero- en la vida pública de México. Necesitamos mujeres como ella, ciudadanas como ella, mexicanas como ella. El gerente del hotel le cobró al cliente por el uso del gimnasio. "No lo usé" -responde el señor. "Pero ahí estaba -respondió el encargado-. Si no lo usó fue porque no quiso". En la misma forma le cobró por el spa, el campo de golf y la sala de cine. "No usé nada de eso" -volvió a decir el cliente. Y el gerente, de nuevo: "Ahí estaba todo eso. Si no lo usó fue porque no quiso". Entonces el señor se acordó de cómo otro cliente que se vio en la misma circunstancia que la suya le dijo al hombre del hotel que le iba a cobrar por haberle hecho el amor a su mujer. "No se lo hice" -replicó asustado, el hotelero. "Pero mi mujer ahí estaba -replicó el cliente-. Si no le hizo el amor fue porque no quiso". Decidió poner en práctica la estratagema, y le dijo al individuo: "Entonces yo le voy a cobrar a usted por haberle hecho el amor a mi mujer". El del hotel le respondió: "¡Shh, cállese! ¡Le pagaré, pero no diga nada, porque soy nuevo en el hotel y el dueño me despedirá si se entera de que me meto con las esposas de los huéspedes!". FIN.

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