Pepito entró sin avisar en la recámara de sus papás cuando estaban en pleno acto del amor. "¿Qué hacen?" -les preguntó, curioso. Contestó el señor tratando de hablar con naturalidad: "Tú sabes que soy charro. Estoy practicando para jinetear una yegua". A fin de no inquietar más al muchachillo el señor y su esposa siguieron haciendo lo que hacían. En eso la señora no pudo contenerse y empezó a agitarse con fuerza, y a jadear. "¡Agárrate bien, papi! -le gritó Pepito-. ¡Aquí es donde la yegua casi siempre tumba al vecino!"... Un pescador llegó al río y se dio cuenta de que había olvidado el cebo para su anzuelo. En eso pasó una viborita que llevaba en las fauces un gusanito. Con cuidado se lo quitó para usarlo él. Luego, por broma, y para compensar a la culebrita de su pérdida, le dio unas gotitas del brandy que llevaba. En seguida se puso a pescar. No había pasado mucho rato cuando sintió unos tironcitos en la pernera del pantalón. Volteó hacia abajo y vio a la viborita que le jalaba el pantalón y le ofrecía otros tres gusanitos... Astatrasio Garrajarra y Empédocles Etílez, ebrios consuetudinarios, vieron recargada en el poste de la esquina a Mary Posilla, musa de la noche. Le dice Empédocles a su compañero de pítima: "Esa mujer trae puesto un calzón de mi mamá". "No es posible -se asombró el otro-. ¿Acaso la conoce?". "No la conoce -replicó Empédocles, pero te digo que el calzón que trae puesto es de mi madre". "¿Cómo lo sabes?" -dudó Astatrasio. "Lo sé con seguridad -contestó el temulento-. Y si no me lo crees te apuesto 50 pesos a que el calzón de esa mujer es de mi mamá". "Van los 50 pesos" -aceptó Astatrasio. Entonces Empédocles se dirige a Mari Posilla y le pregunta: "Dime, linda: ¿de quién es el calzón que traes ahora?". La falena, enojada, le contesta: "¡De tu tiznada madre!". "¿Lo ves? -le dice, triunfal, Empédocles a Garrajarra-. ¡Venga mi lana!"... Una pobre mujer le suplicó al alcalde que pusiera en libertad a su marido. El hombre estaba en la cárcel municipal acusado de robo. "¿Qué se robó tu esposo, buena mujer?" -le preguntó el munícipe. "Un cartón de huevos, señor alcalde -respondió ella-. Con lo caro que están ahora no podíamos comprarlos, y él los robó en el súper para alimentar a nuestros hijos". "Dime -quiso saber el alcalde-: tu marido ¿es buen esposo?". "No, señor -confesó, avergonzada, la mujer-. Es borracho; me pega y trata mal a los niños". "¿Y entonces por qué me pides que lo deje libre?" -se sorprendió el edil. Explica la señora: "Porque ya se nos acabaron los huevos"... Hay en el PRD quienes profesan una ideología de izquierda democrática, moderna, liberal, alejada de dogmas y extremismos. Perredistas como Graco Ramírez, Arturo Núñez, Carlos Navarrete y el mismo Jesús Zambrano, entre otros, junto con figuras como Marcelo Ebrard y Miguel Mancera, hacen contrapeso a quienes se aferran a un pasado de populismo autoritario, caudillista y clientelar. Con ellos deberá dialogar Enrique Peña Nieto, lo mismo que con panistas de buena voluntad y buena fe, para sacar adelante las reformas estructurales que con urgencia requiere este país so riesgo de mantenerse en el atraso. Si bien en las actuales circunstancias no es posible un gobierno de coalición, tampoco Peña Nieto podrá gobernar sólo con priistas. En eso, pienso, radicó en buena parte el fracaso de la administración actual: salvando algunas excepciones Calderón hizo un gobierno a base de amigos leales, no de colaboradores capaces. Desde luego el arte de gobernar es muy difícil. Lo conocen únicamente los grandes estadistas y nuestras esposas. Pero los acuerdos y la negociación siempre son útiles para hacer un buen gobierno. En decir eso consiste mi orientación de hoy a la República. Cumplido ese deber voy a narrar un chascarrillo final. Luego, como decían los entrañables merolicos de antes, pasaré a retirarme... Una veintena de hombres invidentes y otros tantos con problemas de cojera esperaban abordar el avión que los llevaría a Cuba para ser tratados en hospitales de La Habana. El encargado del vuelo les anunció hablando con el típico acento de la Isla: "Subirán primero lo ciego y depué lo cogo". Escucha eso uno de los invidentes y suspira con resignación: "¡Ya sabía yo que esto no podía ser de gratis!"... FIN.