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ENSAYO SOBRE LA CULTURA

José Luis Herrera Arce

El buen fin y la austeridad

Las modas surgen y parecen ser divertidas. Lo del buen fin supone una época para comprar porque todas las tiendas se van a poner en oferta. ¿Comprar para qué? eso no importa, el chiste es que en el sistema económico en que vivimos, la felicidad consiste en poder irse de "shoping" como un antecedente de disfrutar del cielo prometido. Para ello nada mejor que te adelanten el aguinaldo, al cabo que es lo mismo un mes antes que un mes después.

Si el efectivo falla entonces está el crédito. Y uno no se fija de a cómo andan los intereses. Estos de los bancos son buenos cuates, ofrecen tarjetas de crédito a diestra y siniestra y nunca se olvidan de ti, ni se olvidarán, porque ahora los sistemas de cobro son insistentes hasta más no poder. Todas tus referencias que proporcionas sabrán cuando tú no pagas, porque no dejarán de recordárselo los acreedores.

Este es el sistema de consumo en todo su apogeo. El mundo necesita consumir, si no la felicidad le ha de ser negada irremediablemente. Ya lo ven lo que está pasando en Europa, el continente del euro, la unión Europea; desde que comenzamos a oír de Grecia y después como si fueran fichas de dominó, España, Italia y otros más, nos estamos dando cuenta de que la austeridad no le gusta a nadie. ¿Y qué es la austeridad? Dejar de recibir el dinero que antes se recibía, porque lo que se ha gastado hay que pagarlo y no sólo eso, sino que hay que apoquinar los intereses que nos cobran los gloriosos bancos; y si en el pasado se nos olvidó pagar intereses, entonces, habrá que pagar los intereses de los intereses y así sucesivamente hasta que la cuenta esté saldada, y cuando se haya logrado eso, entonces te cobrarán los manejos de cuenta porque se nos va a olvidar cancelarla. Tan rico que es vivir a crédito.

¿Cómo se llega a la austeridad cuando se estuvo en la abundancia? Por no darse cuenta de en qué consiste el jueguito de la economía. Si esto nos viene desde la tienda de raya, donde te daban las cosas necesarias para consumo diario, a muy alto precio, pero en su momento aparentemente gratis, y después te lo cobraban de tu sueldo, y como nunca dejabas de pagar, jamás tenías dinero disponible, y hasta heredabas las deudas fabulosas a los descendientes.

Hoy no llegamos a tanto, porque hay una manera de dejarle de deber al banco que es la de morirte, ahora sí se salda la deuda. Mas no creo que a nadie le guste esa receta.

Lo que se gasta hay que pagarlo tarde o temprano. Si a estas alturas no lo hemos aprendido es que estamos muy tarados. Si gastas más de lo que ganas, sufrirás las consecuencias, porque en el mundo no existen gentes tan dadivosas, solamente el gobierno mexicano, capaz de borrar los adeudos cuando dices estar imposibilitado para afrontarlos.

Esto del gobierno mexicano es un decir, porque en realidad si el deudor, pongamos por ejemplo, y sólo un ejemplo, al campesino que no puede pagar lo que le prestan para que cultive la tierra, el pago sale por otro lado, los impuestos, los tuyos y los míos. De que se paga se paga. Todas las tarjetitas alguien las tiene que pagar y cuando no se paga entonces viene lo de Europa, el acreedor se pone exigente; como el deudor ya se acostumbró a vivir de prestado, tiene que seguir pidiendo para subsistir y para que le sigan prestando entonces le imponen las reglas drásticas de austeridad y es cuando los pueblos se enojan porque tan cómodo que resultaba que le dieran sin ser responsable por lo debido.

Las tentaciones son las tentaciones, eso que ni qué. El diablo bien sabe su negocio. Todo el año se trabaja para tener derecho al aguinaldo, es el ahorro anual. Ojalá y lo gastemos bien este año, en cosas realmente necesarias. Quien te aconseje gastar de más es tu peor amigo, y si te dicen que vivas de prestado, entonces es tu peor enemigo.

El mejor consejo que te puedo dar para esta Navidad es que vivas con lo que ganas. No le debas a nadie. Pagar intereses es regalar el dinero a los bancos o al prestamista. Si quieres gastar más entonces trabaja más para que ganes más. Es la única forma de alejar al fantasma de la austeridad.

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