EDITORIAL Caricatura editorial Columnas Editorial

Esperanza de cambio

Diálogo

YAMIL DARWICH

En medio de múltiples declaraciones de partidos políticos, las acusaciones hechas - infundadas o no- sobre compra de votos, de aplicaciones extraordinarias de recursos económicos fuera de la ley, denuncias de fraudes y otras anomalías atribuidas al equipo de campaña priista, finalmente, Enrique Peña Nieto, recibió la constancia de ganador de la contienda electoral presidencial de 2012, dándole legitimidad para ocupar el cargo de Presidente de México, durante los próximos seis años.

La oposición de la derecha, con Josefina Vázquez Mota al frente, partido que hasta ahora está a cargo del Gobierno Federal, ha aceptado su derrota; la izquierda mexicana, encabezada por Andrés Manuel López Obrador, se prepara para la resistencia civil, comprometiéndose a que: "todas sus acciones se harán por los medios legales y pacíficos".

Sin embargo, algunos movimientos aparentemente independientes, caso del "Yo soy 132", que inició espontáneamente y luego se le fueron adhiriendo grupos con intereses distintos, ya empezaron a protestar "enterrando" durante una marcha pacífica, a la democracia mexicana.

De poco sirvieron las protestas y procesos de demanda jurídica electoral para anular las elecciones; los jueces declararon su improcedencia, apoyados en la propia ley, que asienta la necesidad de contar con el 25 por ciento de las casillas anuladas, lo que no sucedió, informándonos el presidente del Tribunal que: "No fue ni el uno por ciento de las casillas, en las que se presentaron irregularidades que justifican la anulación."

Indudablemente que no acabamos de ponernos de acuerdo en el primer nivel de democracia: el distributivo, cuando los partidos han aprendido la lección y aceptan la voluntad popular, aunque habremos de aceptar que bien pudo ser manipulada.

Así, el Presidente electo de México, empieza con sus preparativos para gobernar en medio de un ambiente hostil y de sentimientos encontrados: unos, esperanzados de que se dé un cambio positivo; otros, convencidos de que se repetirán los vicios del partido que regresa al poder, creencia basada en las malas experiencias vividas.

Peña Nieto, llegará a ocupar la silla presidencial con la urgente necesidad de enfrentar grandes retos en todos los temas de interés nacional, empezando por los políticos, donde no contará con todo el apoyo del Poder Legislativo, a menos que, como en los viejos tiempos, haga nuevos acuerdos con partidos minoritarios.

Deberá evitar la tentación de regresar a las fórmulas antiguas de gobierno, -plagadas de vicios- que llevó a su partido a la pérdida del poder federal, la incapacidad de actuar por los compromisos irregulares adquiridos, la corrupción y consecuentemente la parálisis de acción.

Recibirá una economía débil -la de siempre- y gran inestabilidad social, generada por la impunidad y grave pérdida de la paz, ocasionada por la presencia, cada vez más enquistada, de la delincuencia organizada.

Esas malas condiciones de arranque se agudizan con el deterioro económico del mundo, que queramos o no lo resentimos, agregándose a las amenazas de la narcopolítica y los cárteles internacionales de la droga, que dentro y fuera de la nación representan otro serio factor a considerar, si es que realmente quiere gobernar.

Tema aparte son los compromisos adquiridos con grupos minoritarios, que apoyándolo, ahora sienen estar en posición de ser retribuidos.

Sin embargo, lo más grave está condicionado por el deterioro en la confianza de los mexicanos, que nos sentimos vencidos ante nuestras realidades sociales, con desproporción entre los ingresos y gastos, las condiciones de inseguridad que nos impiden vivir en libertad y sentirnos seguros por el constante peligro que se vive en ciudades y pequeñas poblaciones.

A todo lo anterior, agregue que en algunos sectores sociales, la frustración por los malos resultados en la lucha diaria contra la pobreza y la incapacidad de atender las necesidades básicas personales y familiares son causa del enorme desgaste emocional y físico, empezando a generar actitudes de abandono.

Ese abandono llega más allá del simple sentimiento de frustración paralizante, va hasta la incapacidad para combatir el desempleo, el desinterés por la vida social y familiar, hasta el rompimiento con valores: humanos como la dignidad; sociales, caso del respeto a las leyes; trascendentes, al perder los deseos de dejar huella positiva.

Recuerde que el sentimiento de derrota e impotencia genera insatisfacción y que, ante ese sentimiento, cualquier luz de esperanza es tomada en forma desesperada, incluso aceptando participar en la verdadera rebelión social.

Ojalá que sus analistas no piensen que podrán evadir esa realidad y que el sistema puede soportar, sin cambios profundos, un sexenio más.

Será de interés conocer sus propuestas y confirmar acciones de solución; esperamos algunas espectaculares, entre ellas reformas políticas que incluyan a instituciones como: CFE, Pemex y los sindicatos.

Sobre todo, sentir los efectos de esas acciones en la economía familiar, sin que el nuevo gobierno abuse de los ahorros de los mexicanos, para que así, todos, nos animemos a hacer un nuevo esfuerzo.

¿Será posible?

ydarwich@ual.mx

Leer más de EDITORIAL

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 783753

elsiglo.mx