‘El sueño’
Transcurría 1987 y el entonces candidato a la presidencia de la república, Carlos Salinas de Gortari visitaba La Laguna, bastión político en ese entonces del cardenismo representado por el hijo del “Tata” Cárdenas, Cuauhtémoc, que causó revuelo en la región entre la gente del campo que esperaba que el hijo del tigre fuera pintito.
En ese tironeo por las ideas llegó una vez más a la mesa de los debates la propuesta de integrar algunos municipios de Durango y otros más de Coahuila en un solo Estado que dieran como origen a la entidad número 33, un Estado nuevo al que se conocería como “La Laguna” enmarcado dentro del proyecto de empresarios, políticos y sociedad civil en el Plan Nueva Laguna.
En esos años la región gozaba de una bonanza extraordinaria de recursos y productividad siendo arca de esperanza para propios y extraños que trabajaban por elevar el nivel en la calidad de vida.
Más del cincuenta por ciento de esa productividad se iba a los gobiernos estatales que “administraban” muy convenientemente aunque nunca equitativamente esas ganancias y que ante la posibilidad de perder esas alforjas cargadas de dinero hicieron hasta lo imposible para que el candidato del PRI, Salinas de Gortari, respondiera a esta propuesta “que no eran tiempos de divisiones sino de unidad”; echando por tierra el sueño de miles de laguneros.
El sueño se esfumó aunque el proyecto sigue vigente; a partir de ahí empezó a llegar una camada de políticos tecnócratas, vanidosos y pueriles, fátuos que sistemáticamente han ido acabando, gracias a sus torpezas y omisiones de encargo, no sólo con nuestro sueño, sino con toda La Laguna hasta dejarla hecha jirones como actualmente se encuentra: sumisa, humillada, abandonada y maquiavélicamente manejada desde las capitales de ambos Estados desde donde se decide quién habrá de continuar en el poder para entorpecer más la obra y la intención separatista de los laguneros.
En los últimos seis años muchas empresas han cerrado y muchas más han decidido no invertir en La Laguna, pero lo hacen en Saltillo y en Durango; las obras de gobierno allá son ostentosas y aquí son mediáticas y nunca totalmente concluidas.
Las tasas de pobreza, marginación y desempleo han crecido en la zona tan alto como el incremento criminal de los impuestos no encontrando un equilibrio del pagar más para vivir mejor; lo que denota mala administración de los centavos.
Hoy los gobiernos estatales reciben más programas y dinero que en 1988 y sin embargo están más endeudados, quebrados, intencionalmente desorientados, omitidos o irracionalmente gastados y hasta desviados los recursos que les da la Federación.
En los tiempos actuales no se ve una ruta verdadera hacia el progreso de esta tierra como lo tuvo décadas atrás.
Ojalá que el nuevo gobierno, el que sea, voltee para La Laguna, pero no sólo para cambiar votos por comida, lo que es indigno, sino para rescatar el sueño perdido de ser auténticos y autónomos como laguneros.
Ya vimos, por años, que estar trepados en el mismo barco no nos hace marineros, más bien parecemos los náufragos que elegimos a nuestro capitán en espera de que éste nos ayude, pero que al final nos arrojó del barco.
Rescatemos ese proyecto, aún es tiempo y no perdamos la esperanza de resurgir con otra visión, con otras ideas, pero sobre todo con otros políticos como un ente estatal para que la endeble riqueza que todavía subsiste luzca en la región como una tenue brasa que pueda volver a encender el ánimo y el espíritu lagunero.
Los últimos sexenios en Coahuila y el Durango fueron el tiro de gracia para nuestro sueño y los actuales no pintan nada bien; no nos volvamos a dormir para caer en otra pesadilla, recuerda que también se sueña despierto. ¡Despierta pues!
Miguel Gerardo Rivera,
Gómez Palacio, Durango.