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‘Lo que perdimos’

Un buen amigo, vecino de Torreón, Coahuila, nos compartió hace días su desánimo y nostalgia por lo que le ha pasado a su querida ciudad en los últimos dos años; él, que nació ahí, siempre vio a Torreón como una metrópoli en vías de engrandecimiento; su comercio, su industria, la ganadería, y todavía le tocaron los tiempos buenos de la agricultura.

Era -dice- un bastión de oportunidades para la gente venida de otros lares, que decidía radicar aquí para incorporarse a las diversas actividades o crear otras áreas de oportunidad.

Se entusiasmó mucho cuando con el lema “Rescatemos Torreón”, Eduardo Olmos se convirtió en candidato por el Partido Revolucionario Institucional y como ya habían visto su trabajo en otros cargos supusieron que Torreón se dispararía hacia el progreso, mismo que, por las broncas de José Ángel Pérez con el tristemente célebre Humberto Moreira se daba la imagen de que el alcalde a veces pecaba de necio por sus constantes choques con el ejecutivo estatal.

Al final, siendo todos del PRI, pensó, -se van a poner bien de acuerdo y las tensiones entre munícipe y gobernador bajarán de tono y todos a trabajar por el rescate.

Y miren lo que perdimos -dijo sonriente- se van las empresas y con ellas los empleos, las que quedan algunas trabajan turnos cortos con salarios reducidos pues su manufactura no se vende al ritmo de su producción y para no cerrar tomaron este esquema.

La inseguridad rampante, los robos de autos y a casa-habitación a la orden del día.

Decenas de muertes por semanas, ríos de furia roja incontenible.

Mala calidad del alumbrado público.

Deuda del municipio a proveedores.

Obras inconclusas en las que no se ven ya casi trabajadores.

Obras prometidas desde el pasado sexenio que ni siquiera han iniciado.

Falta de agua y un Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento quebrado, lleno de ineptitud y pereza.

Suspensión por adeudo por la Comisión Federal de Electricidad en norias.

Miscelánea fiscal municipal alta.

Falta de garantías, etcétera.

La ciudad se ha convertido en el botín de muchos y la cárcel para otros.

Ya no podemos salir tranquilamente, nos hemos hecho huraños, desconfiados, temerosos y altamente apáticos.

Torreón se hunde y con él sus ciudadanos ante la mirada fría de Saltillo que ya le “levantó la canasta y lo dejó embarcado”.

Terminó diciendo este vecino agobiado “yo no tengo a dónde ir, aquí nací, aquí están mis hijos, tratamos de evitar los problemas, pero si la vida me diera una segunda oportunidad, ya no estaría aquí, me iría a vivir a una ciudad que no necesite rescate, que la dejen como estaba, como la recibieron, al menos esa sería su gran obra.

Miguel Gerardo Rivera,

Gómez Palacio, Durango.

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