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‘La bicicleta’

¿Recuerda usted sus primeros intentos por aprender a andar en bicicleta?

Caídas, raspones, golpes y sustos, pero siempre saliendo bien librado y cada vez más convencido de que algún día lo podría lograr.

Y como aquellas experiencias infantiles ahora vemos cómo nuestros sexenios de gobierno se parecen a ello.

Cada seis años, nos subimos a la bicicleta con la promesa de que vamos a tomar la ruta correcta, la del éxito. Y cada sexenio, ¡oh desilusión! nos volvemos a caer, no hemos aprendido lo suficiente para dominar nuestro equilibrio y sensatez para lograr que esa bicicleta nos lleve, en seis años, a realizar lo mejor de nuestros proyectos.

Y otra vez, nos piden nos volvamos a subir, no importa si caemos, seguro habrá otro instructor al término del sexenio que nos ofrecerá levantarnos del suelo donde estamos para volvernos a subir creando un ciclo interminable que sólo terminará cuando mi torpeza desaparezca y mis deseos de aprender sean mayores a mi conformismo.

El ciclo se repite aunque ya no seamos niños.

La convocatoria lanzada por Enrqiue Peña Nieto nos da muestra de que en el discurso de la unidad, ese que dice que todos somos hermanos, (aunque del mismo dolor), retomaremos el pedaleo que nos tocó hacer.

Tenemos que empezar a pedalear “para participar en el rumbo del país”, pedalear y pedalear más y más fuerte cada día, aunque nuestras cansadas piernas, que han pedaleado desde que los tecnócratas se adueñaron del poder, ya no puedan más. Somos como los ratones de laboratorio que los suben a la rueda que gira y gira sin llevarlos a su libertad.

Pero ellos, los dueños de las bicis, no lo hacen al igual que nosotros, parece que siempre su bicicleta va de bajadita, mientras la nuestra sube la empinada cuesta de los impuestos, corrupción, impunidad y el crimen.

Hay bicicletas familiares donde todos se suben y padalean poquito (los partidos políticos, las bicis del Sindicato Nacional para los Trabajadores de la Educación, las Petróleos Mexicanos y las de los mineros).

Existen otras bicicletas que en un descuido se las roban, (las del Melate, del Instituto Mexicano del Seguro Social, las de las deudas de Coahuila y Michoacán).

Las hay que son rentadas, pero muy bien aprovechadas (las de las cámaras de diputados y senadores).

Hay bicicletas muy dañadas que generalmente no llegan a ninguna parte (las de la Secretaría de Educación Pública).

Las hay sin frenos (las de la Secretaría de Hacienda).

Las hay sin luces, se maniobran a oscuras (las de la Contraloría de la Federación).

Hay unas que están arrumbadas y ponchadas (las de los programas de apoyo al campo).

Y hay quienes ni a bici llegan (los millones de desempleados del país).

Hoy el bicicletero nos convoca a que el primero de diciembre nos volvamos a trepar, pero no en la de él, sino cada quien la suya, en esa que desde su esfuerzo propio por mejorar éste país le toca a usted pedalear una vez más sin saber, a ciencia cierta, si lo llevará a donde quiere llegar.

Miguel Gerardo Rivera,

Gómez Palacio, Durango.

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