‘Lo bueno y lo ruin’
Lo bueno de discutir sobre la reforma laboral puede ser el conducto que acote las concesiones a los líderes sindicales y que el manejo de los recursos que sus trabajadores aportan como cuota, más las que el Gobierno da a nombre de éstos, sea de una transparencia tal que no quede duda que las inmensas residencias, lujos y caprichos indignantes, por caros, de ellos y sus familias, son producto sólo de sus salarios y no del jineteo, manoseo y violación de las cuentas y bienes que están bajo su responsabilidad.
Desde 1950, con el acuerdo firmado con el Gobierno en donde se cita la tan trillada autonomía sindical, misma que ha sido adecuadamente mal interpretada a ojos del mismo Gobierno, no se había hecho ningún intento por transformar el artículo 123 que habla de los trabajadores; bueno sería pues que esta discusión hable en favor de ellos para mejorar sus condiciones contractuales, velar por su permanencia en los empleos y garantizar una verdadera atención en la salud para ellos y sus familias.
Bueno también sería el ofrecer mejores salarios al ocaso de su vida laboral para que su vejez pueda transcurrir sin los sobresaltos y el olvido a que se ciñen millones de ellos en el país una vez tomado este camino.
Siempre se ha dicho que México es un país que lo tiene todo, pero si ese “todo” se maneja sin inteligencia seguiremos como hasta ahora no pasando de perico perro en el entorno mundial con tecnócratas que dicen saberlo todo menos trabajar por las verdaderas necesidades del pueblo.
Lo malo aquí será que si la reforma laboral avanza por donde va pues los trabajadores aún la van a tener más fea: desaparece el sistema de plazas con los sindicatos, en consecuencia desaparecen los sindicatos, podrán caer los líderes que manipulan a los trabajadores, pero si caen los sindicatos entonces el patrón será juez y parte y así con la reforma el trabajador estará indefenso ante las iniciativas, tales como el de pagar por hora al trabajador, es decir, sólo se podría jubilar hasta que cumpliera algo así como 50 años trabajando y no a los 35 como está ahora. Igual se le podrá despedir si a partir de los 20 años de servicio “ya no conviene” por su edad al patrón. Si por alguna causa un trabajador solicitara juicio laboral se le liquidará. Al desaparecer las bases de trabajo disminuyen las prestaciones como créditos y aguinaldos. Y así por el estilo otras marrullerías que curiosamente Loret de Mola y López Dóriga no se han afanado en difundir.
Los trabajadores podremos perder la cabeza pero no el cuerpo; es decir, podrán caer los líderes pero no podemos permitir desaparezcan las instancias que nos habrán de defender; los sindicatos fueron una conquista de la Revolución ante el abuso de los patrones; si ya volvimos atrás llevando otra vez al PRI a Los Pinos, ¿por qué hacerlo con nuestras prestaciones? Sería el peor error echarnos en la hamaca y dejar correr esta reforma.
Ahora es el momento de que esos líderes demuestren si son de acero o de papel y si en verdad se pondrán al frente de nosotros para impedir esos abusos o agachar la cabeza por sus excesos que les ha pagado el sistema al que han servido fielmente.
Calderón deja en claro hasta el último minuto que el presidente del empleo... no era él.
Miguel Gerardo Rivera
Ciudadano de Gómez Palacio