Lector opina

FORO DEL LECTOR

¿Quién debe cambiar primero?

Dice la conocida frase, que el poder es para ejercerse, no se comparte, ni se delega. Tan cierta es, que nadie con un mínimo de sentido común, se atrevería a contradecirla. Lo cuestionable es el uso que se le da al poder. Generalmente, excepto escasas excepciones, es para beneficio propio, o de unos cuantos, nunca en beneficio de la comunidad.

El poder, una vez que se tiene, no se le quiere dejar, es una droga que causa efectos nocivos, tanto en quien lo ejerce como al que se aplica.

El primer efecto es la pérdida de piso, el poderoso, tiende a desubicarse, tanto, que puede llegar a creerse una deidad o un Mesías. Sus acciones, y conductas, son regidas por caprichos, propios de su devaneo, de su delirio de grandeza o de su trauma de inferioridad.

El poderoso, alimenta su ego de las adulaciones que le profesan sus lacayos, invariablemente, el poderoso, primero satisface sus intereses, después sus intereses y finalmente, si así lo considera los de su grupo de amigos, socios o mejor dicho, lacayos. Por lo tanto, sus discursos siempre estarán cargados de retórica y demagogia: de promesas incumplidas. Una debilidad más, de los “poderosos”, es su proclividad a pervertirse y corromperse. No por nada, se dice que el poder corrompe; y el poder absoluto, corrompe absolutamente.

Lo dicho hasta aquí es una verdad de Perogrullo, no es nueva esta conducta y menos en la clase política. Pero a pesar de estar conscientes de su existencia y peligrosidad, no reaccionamos o lo hacemos tímidamente, por eso los gobernantes actúan en libertad e impunidad.

Es una forma de pensar y ser, que tenemos arraigada muchas generaciones de mexicanos, sobre todo aquellos que nacimos y crecimos con las administraciones del otrora partido hegemónico: el PRI.

El estilo de gobernar, que el PRI estableció, es el único sistema político que conocemos en México: autoritario, corrupto, privilegiando siempre los acuerdos y negociaciones en lo oscurito y fuera de todo marco legal. El gobierno que premia y castiga, el del garrote y el pan. Tan bien hizo su tarea el PRI, que es parte de nuestra idiosincrasia el rehuir el enfrentamiento abierto y de frente. Tenemos miedo a debatir -intercambiar ideas y opiniones- se privilegia la denostación a la crítica con propuesta, la represión a la tolerancia, la censura a la libertad de expresión.

Es cierto, ya no somos los mismos, estamos más informados. Los medios y la tecnología de la información y el conocimiento, han sido determinantes, en este cambio de actitud que se encuentra en su etapa de eclosión. Pero continuamos con pensamientos y actitudes que no ayudan a que el cambio se dé. Por ejemplo, se toma como normal y natural, el pensamiento enano de decir, que las leyes se hicieron para romperse o aquella que reza: que más vale un mal arreglo que un buen pleito.

El colmo de esta añoranza del pasado, es nuestro pobre concepto del servicio público. Lo reducimos, a satisfacer intereses particulares, nunca lo asociamos con el poder de servir, de buscar el bien común, ni con la calidad y eficiencia en el servicio y uso adecuado del erario.

Es penoso escuchar que “el que no transa no avanza”, o la que se puso de moda tras la alternancia, “más vale tener un gobernante ratero que pen...”, o las que justifican, “que roben ,pero que hagan obra”.

¿Por qué tenemos estos pensamientos de la administración pública? Porque por 70 años no vimos otra cosa, y como en los métodos antiguos de enseñanza, a base de repeticiones nos la metieron en la sangre.

¿Cómo queremos que cambien nuestros gobernantes, si nuestra forma de pensar y actuar no cambia, cómo exigir que sean diferentes, si nosotros seguimos siendo los mismos, con los mismos pensamientos y costumbres?

Es cierto, el poder corrompe, pero a todos por igual, ciudadanos, comerciantes, empresarios, amas de casa, profesores, artesanos, albañiles. El combate de nuestros males: corrupción, impunidad, falta de transparencia y rendición de cuentas, así como sistemas eficientes de procuración de justicia y cuerpos preventivos de seguridad que nos cuiden, está en nosotros, quitémonos del pensamiento que otro lo hará por nosotros.

Las cosas cambiarán cuando tú y yo cambiemos; al grado que cada uno de nosotros lo hagamos y en el sentido que le demos. ¿Estás decidido a cambiar, a respetar la ley, ser tolerante, transparente, honesto, participativo? Si es así, ya diste el primer paso, ahora ponte en acción.

Jesús Gerardo Puentes Balderas,

Torreón, Coahuila.

Leer más de Lector opina

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Lector opina

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 804869

elsiglo.mx