La reliquia, de La Laguna para el mundo
Orgullo de los laguneros esta bella tradición. Religiosidad popular donde se comparte aparte del santo Rosario, las sopas y el asado.
Las danzas, la fila y el coquito o el sartén, sociabilización familiar, fiesta, alegría y comprensión de automovilistas y autobuses.
Se consumen muchas tortillas calientitas y el descarrilamiento o sea revoltura de sopas bañadas del chile rojo.
Se transmite la tradición de padres a hijos (ojo y nietos también); se comparte lo que hay hasta donde alcance el raspado de las ollas.
La devoción de los laguneros unifica familias y vecinos, también personas que van pasando, se comparte con el que se arrima no hay fijón quién es, ni cómo viste. Se reparte en abundancia, con generosidad y amor, llueven las bendiciones a la familia que hizo la fiesta, se genera el efecto sinergético del positivismo en la familia y vienen los preparativos para que el año que entra se haga más cantidad, porque faltaron algunos, que aunque sea pura sopita bendijeron a los anfitriones.
Por supuesto que habrá con qué repetir la fiesta porque el amor que se repartió regresó multiplicado al ciento por uno y lo cual por supuesto siempre será atractivamente esplendoroso; benditas familias y benditos laguneros que con humildad hacen fila para degustar este alimento del cuerpo y del espíritu.
Vemos que la religiosidad popular expresa con fervor una gran pureza de intención, cree en la providencia y en la presencia amorosa de Dios. Tiene una capacidad de síntesis vital que une creativamente lo Divino con lo humano. Superando los racionalismos fríos que a veces entorpecen el entusiasmo espiritual. Pero gracias a Dios, corazón nos sobra a los laguneros y compartimos con todos esta bella costumbre.
Arturo P. Salas Juárez,
Torreón, Coahuila.
‘Centrales avioneras’
Dadas las condiciones de inseguridad por la violencia prevaleciente en el país, del mal estado físico de muchas de nuestras carreteras y autopistas, de su pésima señalización, deficiente vigilancia. Anarquía vial, carentes iluminación etc., da como resultado el poco o nulo flujo de visitantes extranjeros nuestro país por vía terrestre, por lo que la primera cara que damos al visitante internacional al llegar a México son nuestros aeropuertos.
Algunos de ellos se encuentran en condiciones deplorables -especialmente a los ojos de los turistas internacionales- no obstante las inversiones que en algunos casos se hacen en remodelaciones, mismas que sí ayudan, pero que no eliminan las huellas del tiempo ni de los proyectos arquitectónicos obsoletos,- a costos que en ocasiones resultan más onerosos que en la construcción de uno nuevo, -en cuyo caso más que terminales aéreas, se asemejan a centrales camioneras o mejor dicho “centrales avioneras”.
Como ejemplo está de la terminal I del aeropuerto internacional de la ciudad de México, el aeropuerto más importante de nuestro país, que por las razones expuestas genera un shock a extranjeros y mexicanos que provienen de terminales aéreas modernas como la de Houston, Nueva York y otras de latitudes del mundo donde cuentan con edificaciones e infraestructura aeroportuaria de vanguardia.
Se olvida que México tiene una vocación turística de excelencia que genera uno de los principales renglones de entrada de divisas, perdiendo de vista que como dice la máxima, la primera impresión es la que cuenta.
Francisco Benavides Beyer,
Cuernavaca, Morelos.