Se solicitan constructores sociales
Para todos es conocido que los tiempos que vivimos son inciertos, y etéreos; que vivimos un mundo menos geográfico y cada vez más virtual; donde tenemos la sensación que el tiempo se nos escurre de las manos sin dejar huella profunda, en un río de cambios constantes. Y ante tales escenarios la pregunta que me sigue todo el tiempo, es: cómo construir una sociedad distinta, con un nuevo paradigma social, en donde surjan nuevos valores, nuevos roles, nuevos estereotipos, nuevas formas de relacionarnos, en un marco de respeto y de paz.
¿Cómo lograr las grandes transformaciones fundadas en la participación comprometida de todos, bajo valores renovados de justicia, e igualdad? Hoy en día, la gente por doquier clama justicia, como si fuera mercancía que pudiera encontrarse en cualquier centro comercial, sintiéndola ajena y sin que tuviera en su existencia y aplicación responsabilidad alguna.
Por lo general, la sociedad culpa de la situación que vivimos actualmente, a mujeres y hombres dedicados a la política. En ese sentido, es frecuente escuchar decir, ufanos y orgullosos: ¡no soy político!, o bien, ¡no creo en la política, y menos en los políticos!, como si fueran éstos los seres más malévolos del orbe y su actividad la más perversa. La Política, indisputablemente no es una religión, y tampoco es artículo de fe; en mi entender la política es acción, eminentemente social, y no hay quien escape a ella.
Escuchar de parte de comunicadores, maestras, médicos, ciudadanos en general, reclamos, descalificaciones, reproches hacia la “clase política”, por el estado social de la vida diaria, es a mi juicio, una forma de evasión social. La responsabilidad que les atribuye la sociedad del mal funcionamiento de la misma; de los inaceptables niveles de exclusión y la marginalidad social, así como la ola de violencia y muerte, no es de su exclusividad. Creo que hemos olvidado que la política está en todo lo que hacemos… todos.
Para Aristóteles el hombre era un zoon politikon, un animal político; es decir, él definía al hombre, no a la política. Hoy en día cuando se refieren a un “hombre político” o “mujer de política” lo asociamos con un diputado, alguna funcionaria, o mínimo con una persona involucrada en algún tipo de campaña de carácter partidista, sindical u organizacional para dirigir los destinos de un grupo o una masa. Sin embargo, hay política en el hogar, en el aula, en toda organización procuradora de cambios sociales.
En mi opinión, la crisis que hoy nos azota en todos los ámbitos, nos conmina a estar a la altura de las circunstancias, como menciona Martha Harneker, y concebir la política como el arte de construir la fuerza social, capaz de cambiar la actual correlación de fuerzas; además de construir sobre la necesidad de una nueva estrategia de organización que reconozca la actual debilidad de las clases más desprotegidas. Que contribuya a reconstruir su fuerza y que consiga incluir efectivamente a los diversos sectores populares. Estarán de acuerdo que para que esto suceda, no son suficientes las y los “Políticos”; se requieren muchos, ¡muchos más constructores sociales!
Flor Rentería Medina.