He escuchado muchas veces, durante los años vividos, la expresión proverbial en que se da a entender que todo tiempo pasado fue mejor, y no me refiero a los azarosos tiempos en que estamos, sino a que los días pretéritos siempre ofrecen a los hombres una idea de felicidad, muchas veces falsa e ilusoria. Todo parece consistir en que con el paso de los años los malos momentos se van suavizando a tal grado que vistos con los ojos de quien ha experimentado instantes que han quedado atrás, la mente los va matizando hasta el punto de pintar los oscuros de la vida con alegres colores. Es una manera de exorcizar recuerdos poco o nada agradables. Se dice frecuentemente que cualquier tiempo pasado fue mejor aludiendo, quizá sin saber el nombre de autor, a las Coplas que con motivo de la muerte de su padre escribió Jorge Manrique de Lara obra, que al publicarse, tuvo un éxito inmediato y no podía ser de otra manera, dado que los eruditos dicen que constituye, por su sobriedad y perfección técnica, una de las muestras más elevadas de la poesía castellana.
A continuación incluyo la primera estrofa de la que la sabiduría popular extrajo la frase proverbial en comento: Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando; cuán presto se va el placer, cómo después de acordado, da dolor; cómo a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor.
En su obra completa expone la vanidad de las cosas del mundo y la necesidad de lograr una fama basada en el bien y en la piedad. Poeta que elaboró poemas amorosos al estilo de los cancioneros, en la línea del amor cortés. Jorge Manrique de Lara, Conde de Paredes de Nava, asumió por completo la línea de actuación política y militar de su extensa familia castellana. Junto a sus familiares fue partidario de los Reyes Católicos luchando a favor de Isabel I y en contra de Juana de Castilla apodada la Beltraneja.
Pero en tanto cedamos la palabra a Ernesto Sábato, escritor, ensayista, doctor en física, artista plástico argentino, de prolífica obra caracterizada por un profundo contenido intelectual, a propósito de este tema, en El túnel, 1948, decía, que ni el diablo sabe qué es lo que recordará la gente, ni por qué. En realidad, siempre he pensado que no hay mente colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase "todo tiempo pasado fue mejor" no significa que antes sucedían menos cosas malas, sino que, felizmente, la gente las echa en el olvido. Desde luego, semejante frase no tiene validez universal; yo, por ejemplo, dice, me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos, y así podría decir que todo tiempo pasado fue peor, recuerdo tantas calamidades… que la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra el sórdido museo de la vergüenza.
Agregaba en otra parte de su obra: A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde hace millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil. Sería eso, verdaderamente, ¿toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?
Volviendo al autor de las Coplas a la muerte de su padre, que es uno de los clásicos de la literatura española de todos los tiempos, su familia era de las más antiguas familias nobles de España. Participó en combates donde ganó fama y prestigio como guerrero. Su lema era "ni miento ni me arrepiento". Su existencia sería corta, lo que no impidió que su obra salvara para la posteridad no sólo a su padre, sino a sí mismo como poeta en un ritmo quebradizo y fúnebre (como el repique funerario de una campana de pentecostés). Al decir de Azorín, esboza Manrique la existencia de tres vidas: la humana, la de la fama y la eterna. La humana acaba pronto, se extingue en un plazo corto. La fama es perpetua, más duradera pues suele sobrevivir aun por encima de la mortalidad. La eterna no tiene fin y se suele adornar la frente con una corona de laurel. En fin, después de leer los argumentos de Ernesto Sábato ¿será verdad que todo tiempo pasado fue mejor?