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Haciendo trampa en Harvard

CONTEXTO LAGUNERO

Juan Manuel González

En la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, 125 estudiantes enfrentan cargos de deshonestidad académica después de presentar su examen final la pasada primavera. En este caso hay una cierta desalentadora ironía, el examen era sobre la clase de "Introducción al Congreso". A pesar de que en el Congreso de los Estados Unidos la deshonestidad no es una extraña, una realidad innegable lo es el hecho de que ahí el trabajo colaborativo entre los congresistas, se ve cada día más alejado.

Lo anterior no es para extrañarnos, sobre todo en un ambiente como el nuestro en el que, todavía en muchas escuelas, se entrena a las personas premiando los logros individuales y desalentando, o más aun, penalizando el trabajo colaborativo. Nuestro sistema educativo es la causa de la falta de habilidades para trabajar en equipo de manera efectiva. Todavía hoy, en sistemas educativos como el de los Estados Unidos y el nuestro, no se hace énfasis en el trabajo colaborativo en los grados anteriores a la educación universitaria, en contraste con países como Japón o Finlandia en los que se educa para el trabajo en equipo desde la educación pre escolar. Aprender a trabajar bien con otros es tan importante como aprender matemáticas o cualquier otra materia.

En muchas organizaciones, colaborar de la manera en que supuestamente lo hicieron los estudiantes de Harvard, merecería un buen reconocimiento por ello. Cuando los estudiantes se tropiezan con un problema que no pueden resolver, tienen que usar todos los recursos disponibles y trabajar en equipo para encontrar la mejor solución. Desafortunadamente para los acusados, ellos son estudiantes, no ingenieros graduados o gerentes de proyecto y el profesor correspondiente, prohibió expresamente la colaboración en sus instrucciones del examen.

Las escuelas fallan con frecuencia para preparar al estudiante para que tenga un pensamiento crítico, innovador y creativo. Métodos como el Montessori parecen más orientados a la innovación. Por lo general, en las escuelas los estudiantes aprenden "habilidades duras" (matemáticas, física, etc.), las cuales pueden ser medidas por medio de pruebas estándar. Si la meta del alumno es el resultado y la eficiencia, entonces muchos optan por hacer trampa, copiar para dar la respuesta correcta. Por cierto, el índice de hacer trampa también aumenta cuando aumenta el grado de estandarización porque una mayor estandarización representa un mayor incentivo para copiar. En nuestro sistema educativo actual, la obsesión por aprobar pruebas estándar hace que los estudiantes no desarrollen su creatividad y sólo busquen aprobar el grado. Lo anterior está bien documentado en investigaciones hechas al respecto.

El cerebro humano está diseñado para aprender y para disfrutar el aprendizaje. Y aquí está la clave para preparar a los estudiantes para el mundo real, para que tengan pensamiento crítico y para que se alejen de la tentación de copiar, de hacer trampa: enseñarlos a amar el aprendizaje por el aprendizaje mismo. A enfocarse menos en el resultado esperado y más en el propio proceso de aprendizaje.

Un estudiante que le gusta aprender por el hecho mismo de saber más, de vencer los retos y disfrutarlos, no tiene deseos de hacer trampa. Un estudiante que ha aprendido a disfrutar del proceso de aprendizaje, nunca será redundante ni se convertirá en uno más del montón. La característica anterior, el saber amar el aprendizaje es una habilidad sumamente útil en una economía que se desarrolla en medio de la incertidumbre, en un mundo volátil y en un futuro impredecible. Si una persona no sabe que habilidades deberá desarrollar en el 2030 o el 2020 o aún el 2013, si ama el aprendizaje, es seguro que las adquirirá sin problemas cuando las necesite.

Desafortunadamente, estos estudiantes de Harvard parece que han recorrido su tiempo como estudiantes, sin aprender a amar y a disfrutar el aprendizaje. Uno de los profesores de Harvard afirmó que no significaría nada para él el hecho de que sus alumnos aprobaran la materia, si tan solo uno de los estudiantes se quejara, aunque fuera de forma anónima, de que en su clase no hay absolutamente ningún incentivo para aprender. Sería muy frustrante para este maestro si ni siquiera uno de los estudiantes del calibre de los de Harvard en su clase, hubiera visto el aprendizaje como su propio incentivo.

Mientras que los buenos maestros siempre han sido capaces de cultivar la flama del amor al aprendizaje en sus alumnos, la política educativa se ha enfocado sólo a los resultados estándar porque ello es sinónimo de eficiencia. Sin embargo, las escuelas no son fábricas y los estudiantes no son materia prima, la eficiencia no es lo único que cuenta, la calidad también importa. En el retorno de nuestra inversión(ROI- ReturnonInvestment) en educación , nos hemos enfocado mucho en la I de inversión y no lo suficiente en la R de retorno - lo que nos da la educación una vez que hemos invertido en ella-. Aquí es cuando la decisión se vuelve polémica y difícil; en los negocios, ese es el tipo de situaciones a las que se expondrá un gerente: inversión y retorno de la misma, en las escuelas, ese es el tipo de situaciones que los maestros tienen que enseñar a manejar a los estudiantes.

Es muy probable que esos 125 estudiantes de Harvard hicieron trampa, pero el escándalo más grave lo es la forma en que el sistema educativo de los Estados Unidos, igual que el nuestro, le hace trampa a los estudiantes en el tipo de educación que requieren todos los días, mientras muchos de los adultos estamos sin hacer nada al respecto.

jgonzalez2001@hotmail.com

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