Nadie es profeta en su tierra, reza el adagio. También aplica a aquello que con el pasar de los días, los moradores de una vivienda pueden llegar a acostumbrarse a tener un elefante en su sala y con tiempo, incluso ya no percibir al paquidermo.
Así está ocurriendo con el proyecto del Gran Plaza, que albergará la presidencia municipal de Torreón. La obra citada, que vio su inicio en el clímax de la megalomanía de Humberto Moreira en el cenit de su sexenio, concentró mucho más la atención por el despilfarro de recursos públicos en la adquisición de los terrenos para edificarla, así como en el correr de informaciones suficientes para tener una certeza que individuos dentro de las administraciones estatales y municipales, hicieron tremendo agosto al transar con los vendedores de las fincas que habrían de rehuirse para dar cabida al nuevo edificio, a la plaza de concreto y al estacionamiento subterráneo.
Si ya de suya la Gran Plaza era uno de los grandes ejemplos de la corrupción que a los años se destaparía acerca del tema de la gran deuda fraudulenta en la que aparece como principal responsable visible el exzar financiero del profesor Moreira, Javier Villarreal.
Pero este asunto desafortunadamente tenía más aristas. La visita de una de las grandes personalidades de la arquitectura en México, Enrique Norten a la ciudad con motivo de una cátedra que dictó a los alumnos de su materia en el Tec de Monterrey, fue la oportunidad para que quien es autoridad en la materia, se diera un tiempo para observar los avances que lleva la dichosa Gran Plaza.
Gran decepción para el prestigiado visitante. Una de sus primeras impresiones fue la incredulidad de que la ciudadanía haya permitido este proyecto. Fuera de proporcionalidad con lo que respecta al entorno del centro de Torreón, la obra rompe con el estereotipo del primer cuadro de la ciudad. Carece por lo mismo, de una visión integral que contemplara el resurgimiento de este importante sector urbano. Agrega que es increíble que con un clima como el que hay aquí, sencillamente hayan olvidado la colocación de árboles que brinden la sombra imprescindible para sobrellevar la inclemencia del impacto de los rayos solares de esta tierra.
Remata el arquitecto Norten que es un terrible desperdicio de energía el haber elegido un edificio con fachada de cristal, que absorberá mucho calor y por lo mismo los aires acondicionados requerirían de cientos de kilowatts adicionales para lograr una temperatura satisfactoria en el interior de citado inmueble.
Enrique Norten compartió durante su visita que dentro del mismo tema, es una lástima que en vez de lo que se proyectó como la Gran Plaza, no se hubiera optado por un plan más amplio que contemplara el rescate integral del centro de Torreón, además de lamentar que no se hubiera llevado a la obra a un concurso de más alto nivel, con jueces expertos en la materia para haber tenido en su momento, una mejor opción.
A estas declaraciones, el secretario general de Gobierno de Coahuila, el lagunero Miquel Riquelme, que fue involucrado directo en la obra cuando ocupó la cartera de la extinta Secretaría de Desarrollo Regional, rechazó las críticas a la obra, fundamentalmente en que ésta fue por demás consensuada con la sociedad, ya que fue mostrada al público en general, y en específico a ingenieros, arquitectos y especialistas en la región. Riquelme señala además que las críticas de Norten no pueden ser consideradas como definitivas ya que "el señor vio el proyecto en obra negra". Incluso el secretario desdeña la información porque dice que se sobrevalora la opinión del arquitecto solamente porque es de fuera.
El alcalde Olmos al menos hizo una defensa poco más sólida, ya que dice que sí habrá sombras y árboles, además de que asegura que no hubo objeciones anteriores a la Gran Plaza.
Con estos argumentos, hay que lamentar la salida ramplona a la que acudió Miguel Riquelme al decir que se sobrevalora las críticas en cuestión porque se trata de una persona de fuera.
Infiriendo sobre lo dicho por Riquelme, ¿se puede decir que el secretario está en contra de apoyarse cuando haya lugar, con personas de fuera para hacer mejor las cosas? Preocupante argumentación que quien conduce el ministerio más importante del poder ejecutivo local, que pareciera que no gusta de buscar lo mejor para la sociedad coahuilense - en este caso específico, de Torreón- si esto no está dentro de nuestro territorio.
En un mundo globalizado y en competencia mundial feroz, el argumentar que la opinión de uno de los mejores arquitectos del país y prestigiado en el mundo, no tiene tanto valor por no ser torreonense, es más que preocupante.
Los laguneros, coahuilenses, duranguenses, y mexicanos en sí debemos luchar y prepararnos para ser mejores cada vez en todas las disciplinas que se pueda. La arquitectura, como es este caso, por supuesto que contribuye a una mejor calidad de vida de los habitantes de la zona en cuestión, si se hace profesionalmente considerando el entorno en el que habrá de edificarse un proyecto. Por eso la Gran Plaza, que parece una bonita caja de cristal, además de haberse realizado bajo la sombra de corrupción, luego bajo la demora injustificada por el manejo de los recursos, resulta también que es un proyecto arquitectónico no aprovechado como debiese.
eirazoqui@elsiglodetorreon.com.mx