Desde la perspectiva de quien esto escribe, en México se han vivido elecciones libres desde 1994, cuando el entonces candidato -relevo de Luis Donaldo Colosio- el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León, se alzaba con un triunfo holgado para su partido el PRI, sobre los candidatos del PAN, Diego Fernández de Cevallos y del PRD y demás partidos de izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
En aquellos comicios de agosto de ese año, Zedillo obtuvo la victoria en una campaña que supo explotar el miedo a la ciudadanía, porque en marzo de ese mismo año había sido asesinado en la colonia Lomas Taurinas en Tijuana, Baja California, el priista Luis Donaldo Colosio. Además, el primero de enero de ese mismo año había estallado la insurrección en Chiapas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y había también ocurrido tiempo después, la ejecución del Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, José Francisco Ruiz Massieu. En aquella ocasión el PRI obtuvo más del 50% de los sufragios, que le dieron legitimidad democrática a la presidencia de Zedillo.
Seis años más tarde, en los albores del tercer milenio, el carismático exgobernador y exdiputado federal, el panista Vicente Fox Quesada, supo materializar para su causa los vientos de cambio que soplaban en México y en un domingo 2 de julio del año 2000, México recibiría la noticia que el monopolio del poder presidencial ostentado por el PRI por más de setenta años, concluía por la vía pacífica a través de elecciones libres que le daban a Fox un claro triunfo de más de 6 puntos sobre el candidato oficial, Francisco Labastida.
Cuauhtémoc Cárdenas participó también en esos comicios, pero en aquella ocasión quedó ya distante de los primeros lugares. No obstante, Cárdenas triunfaría tres años después para la Jefatura del Gobierno del Distrito Federal, siendo también el primero en ocupar esa posición obtenida mediante el voto popular.
Las elecciones de 2006 fueron en un ambiente totalmente diferente. Como nunca, el pueblo de México se vio dividido hasta el encono entre las corrientes de izquierda, encabezadas por su candidato Andrés Manuel López Obrador, y el candidato de Acción Nacional, el hoy presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. Extrañamente, el partido mayoritario de México, el PRI, llegaba a esas elecciones divididos profundamente, por el sisma sucedido entre el presidente de propio partido, Roberto Madrazo Pintado, que para entonces se alzó con la candidatura de su partido, y la temible maestra Elba Esther Gordillo, presidenta vitalicia del sindicato más numeroso de América Latina, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
Es resultado de aquellas elecciones fue funesto para la joven democracia mexicana. Entre el primero y segundo lugar apenas había poco más de 240 mil votos, cuando cada uno había alcanzado los casi quince millones. Las acusaciones de fraude mancharon en forma definitiva esa jornada electoral y las protestas de López Obrador empañaron ese tránsito de poderes republicanos. Este antecedente es hoy un elemento preponderante para las elecciones del próximo domingo.
A diferencia de 3 elecciones pasadas, al domingo se llega con 3 candidatos con posibilidades de alcanzar el triunfo, sólo que en esta ocasión, es casi un hecho material que el PAN tendrá que dejar el poder, porque Josefina Vázquez Mota llega en tercer sitio. Andrés Manuel López Obrador aparece en segundo lugar, y el priista Enrique Peña Nieto en una cómoda ventaja en la punta.
Sin embargo, si 2006 fue de división, hoy las cosas están peor, porque la división es entre tres. En las campañas donde triunfó Fox y Calderón apareció el voto útil, éste es el sufragio de aquel que ve que su candidato no puede ganar y opta por quien aparece en segunda instancia, pero ahora el rencor es más profundo, y eso quizá consolide el triunfo de Peña, representante de todos los vicios que tanto daño le han hecho al país.
Lo mejor que puede pasar son unas elecciones en paz, que quien pierda reconozca, y a darle vuelta a la página, mientras que el ganador deberá sujetarse a la ley, si es que quiere subsistir en democracia, pero desde mi perspectiva lo más peligroso ahora es la profunda división que estamos viviendo.