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La ergástula

GILBERTO SERNA

Aún se está ventilando el caso que causó un gran impacto en los medios sociales del individuo cuya satisfacción sexual lo reduce a una enfermedad esquizofrénica sofocando a jovencitas, apretándoles el cuello hasta asfixiarlas profanando sus cadáveres, sin otra motivación que el de satisfacer instintos primarios.

Lo venía haciendo una y otra vez sin escrúpulos, sin deplorar el hecho, ni sentir dolor o pesadumbre por haber provocado la muerte de varias semejantes. A las preguntas que formulaba la autoridad, una vez detenido, contesta con voz tranquila los horrores que le hizo pasar a sus víctimas llegándose a la conclusión de que es un desquiciado que debe ser recluido en un manicomio de por vida.

No se puede juzgar en los tribunales a un monstruo que todo indica no tiene conciencia de lo que hizo. Son sujetos que no distinguen entre el bien y el mal. Este individuo es producto de una sociedad en decadencia que está regresando a épocas primitivas. Son las grandes concentraciones humanas en que el individuo pierde sus valores retrayéndose dentro de sí mismo convirtiéndose en homo homini lupus.(Pensamiento de Plauto, expresando que a veces el hombre es para sus semejantes peor que las fieras. Es una locución latina que traducido a nuestro idioma, diría: el hombre es un lobo para el hombre)

En la biblia, pasando a otra cosa, hay una referencia a quien se complacía a sí mismo, libro el Génesis. En realidad Onan, que era el personaje bíblico, interrumpía por equis o ye abruptamente la cópula al momento en que debería producirse la culminación. De ahí que se haya dado la denominación de onanismo a ese manoseo sexual.

Es Sigmund Freud, padre del psiconálisis, quien descubre que la manipulación es algo común en la infancia, en tanto que la practicada en la edad adulta era la causa de una de las formas de neurosis conocida como neurastenia (eran los casos de los hombres mayores en que se manifestaba lo que actualmente se conoce como fatiga crónica, común que los jóvenes hablasen de que tal o cual persona mayor estaba neurasténico).

Henry Havelock Ellis, contemporáneo de Freud señaló que no sólo los hombres participaban sino también las mujeres de cualquier edad que la habrían convertido en una experiencia habitual. Eran tiempos muy cerrados. En 1897 un librero fue procesado por vender un libro de Ellis en el que se acuñó el término homosexual. Esto parecería pertenecer al Siglo XIX, pero en realidad el tema está vivito y coleando.

En días pasados se armó el rebumbio cuando Juan Pablo Castro, uno de los diputados juveniles que participaban en el Parlamento de la Juventud, celebrado en el recinto de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal criticó a los gobiernos del PRD de quienes dijo: permiten y promueven "el matrimonio entre jotos". (Cabe esclarecer que el calificativo "joto" equivale a homosexual, invertido, afeminado, marica, poco hombre, que en ese sentido debe entenderse el vocablo. Salvador Novo, en su libro La Estatua de Sal, escribe: la servidumbre de la casa estaba compuesta por una vasta familia de madre, dos o tres hijas y un muchacho típicamente invertido, a quien llamaban sin embozos el joto Juan). Bien, le llovió en su milpita al joven Juan Pablo Castro cuando sin rodeos ni eufemismos expresó su rechazo a los esponsales entre personas del mismo sexo. Lo menos que le dijeron fue intolerante y homofóbico.

La palabreja tiene su origen en la circunstancia de que estando el Palacio Negro de Lecumberri dividido en pabellones o galerías de la A a la Zeta en forma estrellada, distribuyéndose a los presos en diversas categorías, correspondiendo la letra "J" del abecedario a la ergástula de los desviados, de ahí que los que iban a parar a esas crujías para identificarlos de ahí en adelante coloquialmente les llamarían los jotos.

También se ha comentado que en la delegación de Coyoacán, en aquel tiempo un suburbio de la ciudad de México, la Policía supo que, al igual que en la novela La Piel de Curzio Malaparte, se reunía un grupo de amanerados para realizar actos contra natura, dando rienda suelta a bajas pasiones. Eran 41 los que encontraron las fuerzas del orden, pero a las oficinas centrales sólo llegaron 40 del sexo masculino la mayoría con afeites y vestidos de mujer.

En aquel México del año 1900 imaginemos a la sociedad pacata de entonces, se hizo el escándalo mayúsculo encargándose los periódicos de la época de dar la noticia. En fin, se especuló que el número faltante era un individuo que pertenecía a la clase política, un tipo influyente, sobrino de la familia más poderosa de esos años, alto ejecutivo. Vaya usted a saber. De ahí surgiría que a los homosexuales les cayera encima la designación de 41 en un equivalente a maricón.

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