Sería inverosímil esperar que Enrique Peña Nieto, el más reciente ejemplar de la larga dinastía política mexiquense no cumpla con los clichés que sus orígenes políticos le han impuesto.
El exgobernador, no se aparta un ápice de la estampa convencional de los políticos priistas que han salido del Estado de México y de todo el país: atildado, acartonado, sin brillo, ademanes mecánicos, sin imaginación o naturalidad, fraseología de cajón y actitud siempre formal.
En la campaña de Enrique Peña Nieto se han detectado coincidencias con las ofertas de otros candidatos: la respuesta al crimen organizado, aunque todos afirman que la ajustarán, Peña dice que seguirá a cargo de las fuerzas armadas en tanto se consolide la policía federal. La preocupación por la educación con horarios escolares extendidos, la evaluación de maestros, reformas pendientes en materia fiscal, laboral, energéticos. La coincidencia y quizá la imitación irrita por ser propuestas copiadas de las que Josefina anticipó desde la interna del PAN.
Peña ahora promete las reformas legislativas que su partido le negó a la administración al presidente Calderón y que el PRI bloqueó a lo largo de esta administración. Más le importó frustrar las iniciativas de la Presidencia que atender el urgente llamado de todos los sectores nacionales para desatar con las reformas estructurales las energías nacionales para aumentar la competitividad, generar empleos y encaminar al país por el camino de una franca modernidad.
No basta revisar la campaña que haya hecho el licenciado Peña Nieto que comenzó, gracias a Televisa, mucho tiempo antes de que dejara la gubernatura. Lo relevante es lo que representa en términos del partido que lo postula. Entender esto es indispensable para decidir el voto.
La campaña de Peña Nieto cumplió una tarea que está en la mente de todos. Nos ha hecho recordar que hace 12 años el PAN lanzó al PRI de Los Pinos con todas las razones que tuvo para hacerlo. Los 70 años anteriores habían sido de autoritarismo llevado al extremo, la "dictadura perfecta" cimentada en connivencias, tolerancias, controles sindicales, compra de votos, e incluso represión de grupos rebeldes, mientras que, por otro lado, se pactaba con traficantes y criminales.
Es ésta la solución a la violencia que el PRI nos anuncia. Los "ajustes" al combate al crimen organizado y al narcotráfico que anuncia el PRI serán las tácticas que sus gobernadores siguieron en los Estados que gobernó compartiendo con los organismos mafiosos el poder público en plazas, rutas y territorios enteros. La corrupción, producto de un concepto patrimonialista de la política, que a lo largo de décadas fue permeando al país. Para muestra basta un botón. Transparencia Mexicana dice que el Estado de México es el segundo en rango de corrupción, seguido por otros estados priístas como Veracruz, Tamaulipas, Yucatán, Chihuahua y otros más.
"Saber gobernar" es, empero, para el PRI, saber tolerar y disimular estragos criminales en lugar de hacer valer la autoridad de la Nación para proteger la seguridad personal y patrimonial de los ciudadanos. En los arreglos con el crimen organizado, fórmula en que cayeron una y otra vez los gobiernos priistas estatales, los únicos que ganan son los capos y los funcionarios. Al resto de la sociedad van las extorsiones y las muertes.
Será o no la culpa directa del candidato Peña Nieto, o la de su partido, el que se le haya visto fotografiado en actos de campaña con personajes de tan oscura fama como Mario Marín de Puebla, Fidel Herrera de Veracruz, Ulises Ruiz de Oaxaca, Tomás Yárrington y Eugenio Hernández de Tamaulipas, Arturo Montiel de México o Humberto Moreira de Coahuila y la lista sigue interminablemente larga… Esos nombres ejemplifican lo que el PRI significó durante tantos años.
El instintivo rechazo de los universitarios y demás jóvenes que por primera vez votarán y forman el 20% del electorado, al regreso del PRI a Los Pinos, señala sin género de duda que las nuevas generaciones, aun cuando no hayan vivido los años del "priato", quieren un gobierno que mire al futuro y no a un pasado ya superado y que les avergüerza.
Los dos sexenios del PAN que el PRI y el PRD deploran son dos sexenios en que el país se ha consolidado financieramente, aplacando inflaciones, sorteando crisis económicas internacionales, consolidando el servicio universal de salud, extendiendo como nunca créditos para la vivienda popular, ampliando el prestigio del país en incontables convenciones, reuniones y conferencias internacionales como lal del G-20 actualmente en Los Cabos. Librando además una guerra contra el crimen organizado que ya se había infiltrado hasta la médula en muchos estados del país.
El esfuerzo de la ciudadanía por conquistar nuevos horizontes ha sido intenso y no se detendrá. La tarea de atender el avance hacia un estado moderno en escenarios donde la mayoría de sus realidades están aún sin ser exploradas, requiere un gobierno que continúe ampliando los logros de los últimos años panistas.
juliofelipefaesler@yahoo.com