Ya es lugar común mencionar que el siguiente gobierno debe ser de consenso si es que se quiere romper el impasse en que nos encontramos, para solucionar los varios problemas que lastran nuestro continuado desarrollo y para superar la parálisis de acción gubernamental en que encalló la democracia mexicana.
Al hablar de un gobierno de coalición se entiende un acuerdo entre partidos para convenir en tareas y metas cuya realización no puede aplazarse. El acuerdo tiene que darse, desde luego, antes de la victoria del candidato presidencial vencedor, puesto que dada la naturaleza misma de la política, es muy difícil, si no imposible, llegar a los acuerdos necesarios.
Convenido lo anterior, lo que sigue es determinar el contenido sustancial de tal acuerdo, es decir sobre qué temas versará la acción concertada del nuevo gobierno.
Sin que pueda decirse cual asunto sea el más prioritario, hay tres áreas cuya atención son inaplazables: la pobreza, la educación y la violencia.
Los datos de pobreza que persiste en México se relacionan con el tema del empleo. Éste a su vez resulta de la estructura de nuestra producción nacional fuertemente identificada con la actividad maquiladora que aporta un alto porcentaje de nuestra producción nacional. Crear más empleo depende de que aumentemos drásticamente el contenido nacional de nuestros productos y dejar atrás la dependencia del ingrediente importado en nuestros productos terminados que actualmente es de cerca del 70%.
Una ilustración de lo anterior está en la necesidad que tenemos de atender la demanda de Brasil de subir la integración nacional en los vehículos que las grandes transnacionales instaladas en nuestro país, cómodamente exportan a Sudamérica bajo el Acuerdo 55 con una muy baja integración mexicana.
Si queremos crear más empleos a un ritmo que se asemeje al millón que se requiere anualmente, hay que formar las cadenas de producción que eslabonan la producción primaria agropecuaria y minera con la industrial. Es irónico que una desavenencia internacional como la que tenemos con Brasil nos recuerde fortalecer nuestra plantas industrial. Afortunadamente ProMéxico parece haber despertado a esta realidad anunciando hace pocos días la prioridad de aumentar el contenido nacional del producto mexicano.
La creación de cadenas de producción y un esquema de polos de desarrollo requiere un acuerdo claro, que hasta ahora no se ha dado, entre el sector empresarial responsable de generar puestos de trabajo y el gobierno que por su parte, tiene la tarea de orientar los sectores productores más estratégicos y redituables de la economía con los apoyos fiscales, financieros y administrativos del caso. Este es el acuerdo económico esencial indispensable para el siguiente gobierno.
Radicado muy particularmente en la juventud, el problema del desempleo se vincula a la necesidad de extender la capacitación laboral que a su vez descansa en el nivel educativo general del país. Estudios ampliamente difundidos han revelado hasta la saciedad las vergonzosas deficiencias del sistema educativo que nos arrastra a los últimos lugares en los índices internacionales.
La decisión que corresponde tomar a la autoridad federal necesita del sólido respaldo de un acuerdo claro y creíble de los tres principales partidos políticos para que la educación deje de ser el talón de Aquiles de nuestro progreso.
El asunto de seguridad es el tercer, o el primero si se quiere, de las áreas que el siguiente gobierno habrá de seguir ateniendo con el respaldo de las fuerzas armadas hasta donde haga falta.
México no puede seguir invirtiendo energías y dinero en la represión del crimen organizado mucho del que se arraiga en complejísimo problema internacional del narcotráfico. La guerra contra el crimen no puede abandonarse hasta que se logre alcanzar un mínimo de seguridad para la vida ciudadana y la actividad productiva del país. El problema de la seguridad tiene que resolverse a través de una coordinación unitaria, federal, entre los componentes estratégicos y operativos lo que supone que haya un acuerdo entre los sectores público y privado para solucionar la incapacidad estatal y municipal y de demás autoridades enzarzadas en corrupción.
Un gobierno "de coalición" no surgirá de un simple deseo u declaraciones de campaña. Se necesita trabajarlo desde antes de las elecciones con una conjugación de todas las voluntades de las que hasta ahora no hay ni el menor asomo. La alternativa es que el (la) vencedor (a) tendrá que emprender el camino de la recomposición y reformas del país solo (a), sin apoyo de los derrotados políticos, armando consensos con las fuerzas reales de México, los empresarios, sindicatos y agrupaciones agropecuarios, productores, académicos y estudiantes todos los cuales son imprescindibles.
Juliofelipefaesler@yahoo.com