Leía en la página 13ª, noticias internacionales, no sin cierta congoja, de la edición del miércoles 3 de octubre del año en curso, sobre líderes latinoamericanos que, de una manera u otra, padecen cáncer. Encabeza la lista, en esa nota informativa, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien dio a conocer que padece cáncer de próstata. La operación para extirpar el tumor, tendrá una duración de dos horas, se hará con anestesia local, permitiéndole conservar la conciencia, por lo que no requerirá, supongo, designar a un presidente interino. Este no es el primer mandatario de Latinoamerica que padece tal enfermedad, pero a diferencia de otros, lo maneja con mayor transparencia al poner a disposición de cualquiera su expediente médico. Se hace especial mención que, al no ser un tumor agresivo, el pronóstico es bueno, por tanto enfrentará una cirugía de bajo riesgo. El presidente colombiano se internó ayer en el hospital universitario de la Fundación Santa Fe de Bogota.( Ya se operó y resultó un éxito).
El depuesto presidente de Paraguay, Fernando Lugo, padeció un linfoma que se le manifestó en el año de 2010. Dos años más tarde anunció la remisión completa del cáncer. Por otra parte, el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva fue ingresado en un hospital de Sao Paulo, donde se le diagnostico un cáncer en la laringe habiéndolo superado al someterse a una terapia de quimioterapia. Su sucesora en la presidencia, Dilma Rousseff, habría superado con éxito un cáncer en el sistema linfático. Esto último tuvo lugar anteriormente, en el año de 2009. A la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, la aquejó un carcinoma papilar, extirpándosele el tumor que tenía en la tiroides, había sido detectado a tiempo y la metástasis no apareció. En el caso del presidente de Venezuela Hugo Chávez, al principio se dijo que se le había detectado cáncer en la pelvis, para a continuación caerse en un total hermetismo sobre su estado de salud. Todo indica que está recibiendo terapia en hospitales de Cuba.
La pregunta que se hace a partir de que un aneurisma en el cerebro se conoció estaba minando la salud del presidente Adolfo López Mateos, quien permanecía en un cuarto oscuro que mitigaba, mas no lo libraba del intenso dolor que le producía el padecimiento que los médicos consideraban inoperable, ¿es importante el estado de salud que los gobernantes guardan durante su gestión administrativa?, ¿no tendría que ser una cuestión de interés público?, no obstante el asunto estuvo ausente en el debate nacional. López Mateos es un caso que merece mención especial, tanto por la enfermedad que lo aquejaba como por las anécdotas falsas o verdaderas que se bordaron a su alrededor. Cierto o mentira, se cuenta que lo vieron dejar estacionado un auto deportivo, (que eran su pasión), en medio del tráfico de San Juan de Letrán, frente a la Torre Latinoamericana, detrás de la que a mediados del siglo XX era conocida como la rubia de categoría, de origen cubano, adolescente entonces, quien le hacía un numerito sabedora de que lo traía, como vulgarmente se decía, cacheteando la banqueta. Sería verdad o sería mentira. Vaya usted a saber.
En el año de 1965 le sobrevino un aneurisma cerebral, que sus médicos de cabecera dados los intensos dolores lo atribuyeron a un ataque agudo de migraña. Los neurólogos mexicanos Patricio Beltrán Goñi y Gregorio González Goñi corrigieron el diagnóstico. El tratamiento de esas enfermedades estaba en pañales, por lo que pidieron se trajera de Boston, al neurólogo William Poppen quien intervino a López Mateos. La operación fue exitosa, el pronóstico terrible. No tenía uno sino 7 aneurismas, su agonía sería lenta y dolorosa. Durante dos años vivió en estado vegetativo. A la larga murió, sumido en el silencio y el dolor de sus familiares. En fin, el consuelo fue que se hizo lo mejor que se pudo.