La semana pasada en este mismo espacio, se comentó acerca del desfalco que ha sufrido el municipio de Torreón en la actual administración que preside Eduardo Olmos, que cuando cerró el ejercicio de 2011 reportaba pasivos de distinta índole por casi 500 millones de pesos.
A los días, surgió un nuevo hecho vergonzoso para cualquiera que se pueda preciar de ser medianamente buen administrador, máxime si los ingresos pueden ser previsibles como lo son en el gobierno.
Elementos de la Comisión Federal de Electricidad se apersonaron en el edificio donde despacha el alcalde para notificarlo que por el adeudo de 30 millones de pesos, procederían a cortar el suministro eléctrico. ¡Ni para la luz han previsto dejar en las arcas el alcalde y el tesorero Chávez!
Al final luego de una negociación sobre las rodillas, las autoridades municipales lograron obtener poco más de plazo para cubrir el adeudo con la paraestatal y la cosa se pudo solucionar de momento.
Pero hay que ser claros, no sólo Torreón debe dinero a la Comisión, en la misma circunstancia está Matamoros, Francisco I. Madero y San Pedro. Mal de muchos... dice el refrán, pero la práctica de no pagar el consumo eléctrico se ha generalizado en las ciudades de La Laguna.
Ante este gris escenario, otra nueva y ominosa información se ha empezado a destapar. Ahora los responsables están del lado duranguense, particularmente en la Comisión de Aguas del Estado de Durango (CAED por sus siglas), por el tema de la instalación de 10 mil filtros para abatir el problema del arsénico que sufrimos los laguneros merced a la extracción de agua de los mantos freáticos que tiene que ser a mayor profundidad debido a la sobreexplotación de los mismos. Esto ha provocado que se llegue a niveles a donde el vital líquido contiene disuelto arsénico, elemento metaloide altamente tóxico si se consume por encima de lo requerido.
Hace pocos años, cuando el problema del hidroarsenicismo estaba declarado en niveles alarmantes en muchas zonas de La Laguna, los gobiernos de Coahuila y de Durango se vieron forzados a encarar el tema. Luego de muchas vueltas, se llegó a la conclusión que el agua del servicio potable debía ser filtrada para remover los excesos del propio arsénico.
Sin embargo, los gobiernos llegaron a distintas acciones para atacar el problema. Coahuila resolvió acatar las recomendaciones que hizo el Instituto Mexicano de Tecnologías del Agua, y optó por la instalación de filtros en las norias. El gobierno de Durango en cambio, prefirió la instalación de diez mil filtros domiciliarios en Gómez Palacio, Lerdo, Mapimí y Tlahualilo para el mismo tema.
Aun con lo extraña de la decisión de hacerlo de esa forma, la CAED, encabezada por el señor Miguel Calderón había iniciado la instalación de los dichosos filtros, el día 19 de enero del presente, sin embargo, 6 días después, no había información concluyente que diera fe que ciertamente se estuvieran ya colocando los urgentísimos equipos, según las declaraciones del director del SAPAL, organismo perteneciente a Ciudad Lerdo encargado de proveer de agua potable y drenaje, Gerardo de la Torre, quien señaló que nadie de la CAED se había acercado para darle a conocer el proyecto. Lo mismo declararon los alcaldes de Tlahualilo y Mapimí, Horacio González y Bernardo de Anda. Nadie sabe de la instalación del filtro.
Ayer que se publicó esta información, reporteros buscaron alguna respuesta a esta situación en la propia Comisión de Aguas del Estado de Durango, pero en esta dependencia optaron por hacer mutis ante el problema.
Como se daba parte líneas arriba, parece que ahora La Laguna está condenada a sufrir de los gobiernos más indolentes y cínicos de los últimos tiempos, pero hay de cosas a cosas.
Si bien es cierto, es generalizado que las tesorerías de los ayuntamientos laguneros se encuentran desfalcadas -unas más y otras menos por las razones que sean- este asunto de que también generen suspicacia ante lo que sucede con los filtros del agua, se presumiría ya sucedió otro robo, en este caso sería fuera de toda proporción, porque en este tema se trata de detener el envenenamiento sostenido que está sufriendo la población por el consumo de agua con arsénico, y es casi inverosímil que también aquí se vaya a prestar para desvíos.
Lo triste es que cada vez es más difícil averiguar dónde están los límites de algunos funcionarios gubernamentales.