P Or razón de su peso específico en términos de PIB y montos de exportaciones, las relaciones económicas entre México y Brasil influyen inevitablemente no sólo en América Latina sino en Iberoamérica y aun en las economías de los EUA y Canadá.
A lo anterior contribuye el que los intercambios comerciales de nuestros dos países son bien distintos en cuanto a diversidad de sus composiciones así como en cuanto a sus principales socios. En tanto que México centra un porcentaje demasiado alto en sus intercambios con Estados Unidos, y avanza muy lentamente en la realización de añejo propósito de explotar otros mercados, Brasil tiene una baraja variada de socios comerciales.
De igual manera la composición de las exportaciones brasileñas reporta productos agrícolas como café y soya, en proporciones mayores que nosotros. Las ventas brasileñas de productos manufacturados incluyen artículos de muy alto desarrollo técnico como son sus aviones comerciales.
Desde hace muchos años hemos presenciado los intentos de ambos países de encontrar en sus respectivos mercados, particularmente a través de sucesivos proyectos de integración económica latinoamericana empezando por la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio lanzada en 1960.
Aunque no faltan los que estiman utópicos los intentos de consolidar relaciones económicas latinoamericanas, pervive la intención. Hoy funciona una importante red de acuerdos regionales y de complementaciones que paso a paso han ido formando la interconexión comercial, financiera, tecnológica que nació en tiempos de aquella ALALC formadora de una gran gama de comisiones sectoriales. Entre los instrumentos actualmente en uso están los Acuerdos de Complementación Industrial en diversas materias como la automotriz firmado en 2003 por México, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.
Dicho Acuerdo, el ACE #55, ha generado intercambios crecientes entre los cinco países no sólo en unidades terminadas sino en el intercambio de componentes. Aquí descansa una de grandes fuerzas del Arreglo: el respaldo a las industrias pequeñas y medianas que, fabricando las piezas que se integran a los automóviles y camiones terminados, dan cuerpo a las cadenas de producción que por el gran contingente de trabajadores y empleados que ocupan son los que más contribuyen al fortalecimiento de las economías nacionales.
La principal corriente de vehículos terminados y de partes y piezas que se cursan al amparo del ACE 55 se realiza entre nuestro país y Brasil. Por esta razón, la perspectiva de cerrarlo, lo que ha planteado Brasil como palanca de negociación para ajustarlo a fin de que deje de significarle un déficit, restaría una pieza importante dentro del total de intercambios entre los dos países perjudicando a las empresas que en ambos se benefician de aplicación. Las pláticas que en estos días se desarrollan deben poder salvar ese importante mecanismo comercial, asegurando accesos recíprocos para los artículos en cuestión.
El asunto coincide con el que desde más de un año se intenta llegar a una fórmula aceptable para entrar en un gran acuerdo estratégico y diversificado entre Brasil y México a cuyo amparo podríamos coordinar muchos aspectos indispensables para fincar una relación socioeconómica y política que desatara mucho del potencial que hay para ampliar nuestros mercados, extender intercambios existentes, estimular así nuevos empleos y aligerar e incluso armonizar canales administrativos y financieros.
Las resistencias actuales de algunos sectores productores mexicanos son en parte explicables por la desconfianza que las políticas de comercio exterior brasileñas provocan. Hay justificadas dudas de poder tener un acceso justo y fluido para las exportaciones mexicanas a los mercados de ese país.
Los intercambios regionales que hay que impulsar no significarían una simple derogación de los aranceles de importación de cada país signatario. La experiencia en muchas partes del mundo de las zonas de libre comercio, los mercados comunes o las comunidades económicas, apunta a la necesidad de establecer preferencias a favor del producto nacional por sobre el del país socio durante cierto período para evitar una importación excesiva y anegante que provoque cierres de empresas y despidos de trabajadores. Por esta razón la desgravación indiscriminada que México persigue no ayuda, sino por el contrario, entorpece la posibilidad de llegar a arreglos equitativos pero eficaces para los productores.
Las negociaciones para alcanzar un acuerdo de amplio espectro deben continuar hasta alcanzar su meta. Para México es particularmente importante encontrar en mercados dinámicos como el Brasileño y del Mercosur respaldo para las cadenas de producción que tenemos que formar. A su vez para Brasil es indispensable poder ofrecer a sus productores nuevos espacios en la región norteamericana. Para ambos países representa el fortalecimiento de América Latina dentro de una gran visión iberoamericana.