Jean Cusset, ateo con excepción de la vez que oyó una grabación de John McCormack cantando "Believe me, if all those endearing young charms...", dio un nuevo sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre- y continuó:
-Todas las oraciones pueden sintetizarse en una sola: "Hágase tu voluntad". En esas palabras está el mejor compendio de la fe, la esperanza y el amor. Cuando nos ponemos en las manos de Dios -así decían nuestros abuelos- nos confiamos a él, esperanzados, y nos abandonamos a su amorosa providencia.
-Nuestro problema -continuó- es que decimos: "Hágase tu voluntad. Pero arréglatelas, Señor, para que tu voluntad coincida con la mía". Igual podríamos decir: "Hágase, Señor, mi voluntad".
Así dijo Jean Cusset. Y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.
¡Hasta mañana!...