Dios creó los colores del arco iris.
Después el hombre hizo infinitas variaciones de esos primeros colores inaugurales: el verde Nilo, el azul Siena, el rojo carmesí, el gris perla, el magenta, el solferino, el beige...
Faltaba un color, sin embargo, entre todos los colores. Se necesitaba uno que fuera al mismo tiempo virgíneo y sensual, tranquilo e incitante, sencillo y puro como el cuerpo y lascivo y obsceno como el alma.
No había un color así.
Entonces vino la mujer y creó el color que tienen las flores de la jacaranda.
¡Hasta mañana!...