El Espíritu le reprochaba a Dios:
-¿Por qué no haces esto?
Al rato le decía otra vez:
-¿Por qué no haces esto otro?
Una y otra vez volvía a preguntarle por qué no hacía lo otro o esto.
La paciencia del Señor se agotó. Ni siquiera su paciencia es infinita. Le respondió al Espíritu:
-¡Porque no tengo cuatro manos!
Cierto día al Creador se le acumuló el trabajo. Entonces se le ocurrió una idea: hizo a las mamás y a las abuelitas.
Y ahora sí Dios tiene -aparte de las suyas- cuatro manos.
¡Hasta mañana!...