Iba la lechera con su cántaro.
La vio un fabulista, y pensó:
-Seguramente va pensando que con el dinero que obtendrá de la venta de la leche comprará huevos; los huevos le darán pollos; con la venta de los pollos comprará una vaca que le dará terneros con cuya venta comprará una casa, tras de lo cual podrá encontrar marido. Pero la lechera se caerá, derramará la leche, y adiós huevos, y pollos, y vaca, y terneros y casa y marido. ¡Vaya fábula que voy a hacer!
Sucedió, sin embargo, que la lechera no se cayó. El que se cayó fue el fabulista, que ya no pudo hacer su fábula. La lechera, en cambio, cumplió su sueño. Esta fábula mía es de las pocas que se han escrito con final feliz.
¡Hasta mañana!...