-Hoy en la mañana maté una.
Así me dijo de buenas a primeras aquel hombrecito de aspecto insignificante.
Puse cara de bobo, creo, pues de inmediato procedió a explicarse:
-Ya estaba yo harto de que la gente dijera de mí: "No mata ni una mosca". Habría preferido que dijera: "Es manso y humilde de corazón". Pero nadie decía así; todos decían: "No mata ni una mosca". Entonces me decidí por fin, no sin esfuerzo, y hoy en la mañana maté una. Lo siento por la mosca, pobrecita, pero ya nadie podrá decir que no mato ni una mosca.
Compadecí al pobrecillo. La verdad, aquí entre nos, es que a pesar de haber matado una mosca seguía teniendo el aspecto del que no mata ni una mosca.
¡Hasta mañana!...