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Ni el buey ni la mula

OPINIÓN

Ni el buey ni la mula

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Sergio Sarmiento

Lo importante no es la falta del buey y la mula en la narración que Joseph Ratzinger nos ofrece este año de la infancia de Jesús, sino el esfuerzo que ha hecho el ahora papa Benedicto XVI, quien firma el tercer volumen de su trilogía sobre Jesús de Nazaret con su nombre previo a la asunción del solio pontificio, para ofrecernos una visión del Jesús histórico o cuando menos del Jesús captado directamente en los Evangelios.

Ratzinger ha sido un teólogo, historiador y filósofo más que pastor. Empezó a escribir su biografía-estudio sobre Jesús antes de su elevación al trono de San Pedro. Por eso ha decidido firmar los tres volúmenes con su nombre anterior. No busca, me parece, imponer su visión gracias a la fuerza del cargo que ocupa. Pretende simplemente rescatar de la forma más desapasionada a quien pudo haber sido el verdadero Jesús.

“He intentado presentar el Jesús de los Evangelios como el Jesús real -apunta Ratzinger-, como el ‘Jesús histórico’ en sentido propio y verdadero”. Esto significa que las anécdotas y tradiciones que no están inscritas en los Evangelios canónicos no quedan plasmadas en esta visión del Nazareno. Por eso desaparecen el buey y la mula.

Ningún Evangelio habla de estos animales al lado del Jesús recién nacido. El buey y la mula surgen en parte de la descripción de Lucas, quien señala que María acostó al recién nacido en un pesebre, esto es, una especie de cajón en el que comen los animales de una granja. Imaginar que la pareja y el niño estaban acompañados por estas criaturas se antoja natural.

Pero hay otra razón para esta tradición. El profeta Isaías advierte en el libro de su nombre en el Antiguo Testamento (1:3): Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne. Para los cristianos originales era muy importante que Jesús respondiera a todas las profecías que habían anunciado un mesías, un salvador, para el pueblo judío. Por ello, y a pesar de que ninguno de los Evangelios menciona al buey o a la mula, la imaginación popular sí los pensó. Ésta fue la tradición que recogió Francisco de Asís al colocar en su belén, en su nacimiento, no sólo las figuras de José, María y el Niño Dios, sino también a ese buey y esa mula que ratificaban las palabras del profeta Isaías.

Ratzinger ha decidido concentrarse en las descripciones de los Evangelios. Éstos son, después de todo, los documentos históricos más cercanos al propio Jesús. Pero además son los textos que la propia Iglesia Católica considera “palabra de Dios”.

La decisión del papa teólogo ha molestado a algunos. No es fácil cambiar una imagen que ha persistido durante casi dos milenios. Pero Ratzinger, el teólogo, historiador, filósofo, y biógrafo, piensa que es mejor recordar al Cristo documentado en los Evangelios.

La verdad es que a dos mil años de distancia es difícil conocer los detalles de un nacimiento que no fue presenciado ni siquiera por los evangelistas. Ratzinger ofrece un esfuerzo encomiable por traernos al Jesús original, desprovisto de anécdotas que pueden resultar emotivas pero que son ajenas a las fuentes canónicas. En ningún momento, sin embargo, censura la costumbre de colocar al buey y a la mula en un nacimiento navideño.

Si usted ha puesto ya su belén, no piense que tiene que retirar estos pequeños animales. La verdad es que nadie puede saber a ciencia cierta cómo era aquel lugar en que Jesús llegó al mundo en una noche fría hace casi dos mil años en un pequeño poblado del antiguo reino de Judea.

Twitter: @SergioSarmient4

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