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ORDENANDO EL CAOS

ENCUENTROS DE ESTE TIPO

Por: Dalia Reyes

Estamos todos conectados. El cuerpo es un organismo perfecto que funciona idéntico a la jenga: cuando uno le mueve una pieza pequeña, todo lo demás se cimbra.

Confío en los médicos, porque ellos deben de tener respuestas a tantas cosas que nos son inasibles al común de los mortales, pues difícilmente encontramos respuesta a porqué cuando tenemos miedos nos dan ganas de ir al baño.

El miedo está en la mente, dicen los valientes. Esas personas se equivocan, esta emoción debe estar instalada en alguna glándula muy cerca al intestino grueso y por eso lo activa, ipso facto, cuando suceden cosas terribles, como la aparición de un fantasma, una cucaracha o algún candidato presidencial. A otros, dicen, eso les da náuseas -lo de tener miedo-.

En serio, en serio, les cuento que a cuando tengo algún dolor punzante en cualquier parte de ni mi geografía anatómica, me da tos. Puede ser algún piquete en la yema del dedito, y entonces algo me urge desde el tórax a dar una tos entre seca y asfixiante.

Cuando a las señoras les duele la cabeza -desconozco el tema y sólo tengo referencias de lagunas amigas mías - se cierran todas las vías posibles para las posibilidades amorosas. Hasta donde sé, ningún médico ha ubicado el origen de semejante clausura precisamente en la cabeza, será, tal vez, porque esos asuntos las mujeres los arreglamos -o descomponemos- con el corazón.

Denme una respuesta a lo siguiente: ¿por qué cuando nos hacen cosquillas en cualquier parte del cuerpo la risa nos sale por los ojos y la boca? Dicen que las cosquillas son una forma de dolor y la carcajada, la posibilidad del equilibrio.

El coraje es otra prueba de cuanto digo. A una amiga no la calentaba ni el sol por un problema con la vecina; le escurría en las palabras el enojo y, al siguiente día, también le escurrió por la piel en forma de enormes manchas rosadas que la acercaron mucho a la imagen de la pantera: alta, delgada, agresiva y rosa. A su señor, dice, cuando le surge la preocupación, se queda sin cabello.

Esa clase de encuentros son más que del tercer tipo, digamos que es una lucha cuerpo a cuerpo dentro de nosotros mismos y algunas personas llevan esto al extremo. ¿No me creen? Si conocieran a uno de mis hermanos, cuando tiene hambre -en el estómago, se supone- cambia de color, forma y de tamaño todo él y se vuelve una especie de hombre lobo sin requerir la luna llena. (dreyesvaldes@homail.com)

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