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ORDENANDO EL CAOS

BENITO HACÍA PIPÍ

Dalia Reyes

Recibí de buenas fuentes esta información del prócer, Benemérito de las Américas, Benito Juárez. Resulta pues que gustaba merendarse unas enchiladas en el mesón, buscaba a su vástago tocando casas de los vecinos y, oigan esto, hacía pipí.

Bueno, si ustedes ya lo sospechaban, perdónenme el Perogrullo, pero desde mi punto de vista no lo dejan ver así todas las versiones escolares del hombre, ni las estampitas para pegar en los cuadernos, ni las "declamaciones" hechas durante el saludo, en fin, la humanidad se unió para ungir a este hombre -y a muchos otros- con un aura nítida que lo hizo aparecer albo y perfecto, etéreo como santo y asexuado como ángel. Hasta en las imágenes cuidando sus chivas, níveas como él, se muestra perfecto, un Tizoc.

El hombre fue respetado hasta cierto punto, o más bien hasta cierta coma, se develaron un montón de secretitos sobre los héroes en un sinnúmero de libros que aceptaron la tendencia histórica de referencias más individuales que universales. Libros y libros hay en el mundo con los trapitos asoleados de hombres y mujeres, quienes fueron, por muchas generaciones, entes perfectos, ideales, platónicos a más no poder; pero resultó que también comían, se chupaban los dedos, padecían diarreas y flatos.

Pertenezco a una de esas generaciones, donde todos los niños confundíamos, sin ningún problema, a San Martín con don Benito Juárez, porque aprendimos a conocer a personajes como éste en parangón con cualquier santo del santoral. La literatura nos echó la mano y empezó a mostrarnos cómo esas vidas inalcanzables fueron, en realidad, un vendaval compuesto, como un sube y baja, con incertidumbres, equivocaciones, aciertos, dudas, felicidades, deslices, miedos e inocencias, igualito al común de los mortales.

Éstos son, ahora sí, los héroes posibles, reales, los que deben de aprender nuestros estudiantes en la escuela, para saber que la "profesión" heroica es plausible. Enseñar héroes tangibles permitirá a nuestros jóvenes desarrollar una percepción crítica de los personajes vivos, los que todavía no están en sus libros de texto; podrán juzgar a los actores vigentes por sus hechos, no por sus personas, y sólo de esta forma se entenderá un hoy a partir del ayer, con capacidad de prever las consecuencias, mañana, a partir de su decisión.

Los saludos escolares de los lunes siguen siendo una buena oportunidad para comprender la historia, no como archivo muerto, sino como espada de Damocles; necesitamos más cuestionadores y menos creyentes; lograrlo exige una educación que enseñe a pensar y no una limitada a transmitir dogmas de fe.

dreyesvaldes@hotmail.com

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