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ORDENANDO EL CAOS

DUELE EL "OYIDITO"

Dalia Reyes

Doña Mary -que Dios la tenga cuajando leche- decía de sus nietos y bisnietos: "¡Pobre, le duele el 'oyidito'"!, para referirse al malestar padecido por algún chiquillo en la familia. Me resulta difícil transcribir la interjección con toda cabalidad; ya la palabra en diminutivo y con su toque campirano al pronunciarla les anuncia el sentimiento con que la frase era enunciada, pero el tono agregaba un dejo de dolor profundo, compartido cierta impotencia para resolver el problema.

Comprendido lo anterior, debo confesarles que ayer me dolieron los dos; mis "oyiditos" están a punto de renunciar a su función si hemos de seguir escuchando semejantes barbaridades que auguran un futuro de escandalosa limitación y negritud.

Me tocó presenciar un debate para decidir el futuro de un escolapio, cuyos problemas con las tablas de multiplicar lo llevaron directo al Departamento de Educación Especial; eso, dijera Mafalda, vaya y pase, el problema es que también lo colocaron para ser tratado como un alumno con requerimientos de educación especial.

No me equivoqué, señor mío: la dificultad para multiplicar y saber de memoria todas las tablas fue suficiente motivo para "diagnosticarlo" como un miembro más del área para ser atendido por sociólogo, sicólogo y pedagogo… y llamado "burro" por sus compañeritos. Si algún lector pudiera asesorarme sobre lo contrario lo agradeceré, pero me parece que acomodar chuecas las cifras en la multiplicación no es motivo para ir a dar a esa área; que obligar a los chiquillos a resolver operaciones simples con uno sólo y único método no es tema de la Reforma, y que usar el término educación especial por no memorizar las tablas y usar los dedos es lo bastante violento como para marcar a ese niño.

De ninguna manera los fastidiaré con la transliteración del diálogo confuso entre padres y profesora, me conformaré con enlistar la postura de ésta ante el problema del niño: no voy a ponerle operaciones con tablas del dos al cinco porque el programa me pide que las sepan todas… y no me puedo devolver (¿?); tengo 40 alumnos y no puedo atender de forma personalizada; yo tengo que sacar adelante a un grupo, no a un niño; educación especial es porque en esa área trabajan especialistas (¿?), y yo tengo el premio Enlace.

¡Ah, jijo! El niño, con todo y que hace operaciones matemáticas forma mental -pero escribe chuecas las cifras- y escribe historietas de 100 páginas con diálogo y todo, seguirá en educación especial. ¿Será acaso porque ella está buscando ganar el premio otra vez y buscar un sistema adecuado para la mitad de su grupo le quita tiempo?

No hay forma de resolver el daño causado a ese y muchísimos otros niños a quienes se les ha convencido que son "burros" porque no usan tal o cual procedimiento, así encuentren un resultado por sus propios medios.

Hace unas semanas, los alumnos de primaria quedaron sin clases por seis días, porque los profes fueron a curso de la Reforma 2011; también la docente a quien refiero fue. ¿Qué haremos dentro de algunos años, cuando todos esos niños convencidos de ser "especiales" tengan que enfrentarse a la vida y controlar el mundo? ¿Qué haremos con esos premios torcidos a la eficiencia magisterial que sólo convienen para subir puntos en un escalafón que no lleva a parte alguna? Tengo miedo, mucho miedo.

dreyesvaldes@hotmail.com

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