En los últimos días se materializa el viejo adagio de "no importan las formas cuando obtienes el resultado" o "el fin justifica los medios", esto a nivel global, por la reciente noticia, o mejor dicho confirmación de permanencia de Hugo Chávez Frías en el mandato presidencial de la llamada república bolivariana de Venezuela, el pasado siete de octubre frente a su adversario Capriles. En México suele satanizarse esta figura, en gran medida por contribución de los medios de comunicación, pero ¿es realmente digno de esta aversión generalizada?, para resolver ese cuestionamiento es necesario remontarnos a la historia reciente de ese pueblo.
La lucha por un estado democrático se dio después del derrocamiento del autócrata Juan Vicente Gómez en 1935 y una serie de conflictos por la consumación del poder que traería consigo la promulgación de una nueva constitución realmente garantista en 1947, derogando a la de 1936 y que formaría un gobierno militar (caso símil a lo que sucedió en nuestro país post-revolución), que vería su fin con la insurrección pacífica que expulsaría a Pérez Jiménez después de una junta militar que se granjeó el poder a base de fraudes y simulaciones electorales durante diez años. Acontecimientos que provocan la necesidad de una alternativa política, lo que desembocó en el encumbramiento de la figura de Rafael Caldera, principal impulsor de la ideología socialista de izquierda en ese país. Por lo que esta tendencia socialdemócrata de izquierda vio su simiente desde los acontecimientos ya narrados en los años 40 con la fundación del partido de acción democrática. De esto podemos analizar que la pugna por la democracia auténtica ha sido cruenta, con dos dictaduras: gobiernos militares y un sinnúmero de reelecciones y cacicazgos que dieron la necesidad social de erigirse en un gobierno de las masas, caso que se dio desde el punto fijo de los años sesenta hasta los noventa, momento en que apareció en la escena política este militar revolucionario asiduo admirador de Simón Bolívar, que por medio de un fallido golpe de estado y posteriormente con un movimiento sociopolítico denominado "movimiento V república", llega al poder Hugo Chávez en 1999, donde en forma inmediata impulsa por medio de una asamblea constituyente la creación de una nueva constitución de tendencia netamente socialista y proteccionista del pueblo venezolano y en contra del imperialismo, no obstante con mecanismos para garantizar el debido ejercicio de los derechos fundamentales, equidad social y una ficticia creación de dos poderes públicos más, el ciudadano y el electoral.
Todo esto, inicialmente fue acertado por reaccionar en contra de las prácticas viles y demagógicas de la partidocracia en que se había convertido Venezuela con los gobiernos civiles, desde Rómulo Betancourt; pero se evidenció que las mieles del poder corrompen, ya que después de un referéndum, un casi derrocamiento y ya dos reelecciones, no se le ven intenciones de dejar el poder, siendo la más grande contradicción debido a que esa fue la postura que lo llevó a ese cargo con el "bolivarismo" y la oposición a la indefinida permanencia en el poder de sus predecesores, concretamente los actores políticos del OPEI y el AD. Por lo que es claro que existe incongruencia en cuanto a la postura inicial y la que lo mantiene en el estatus actual, esto se evidencia con la enmienda constitucional que impulsó el 15 de febrero de 2009 para poder reelegirse indefinidamente, disidencia del primer ataque en contra del gobierno de Caldera "no a los senadores vitalicios".
En cuanto a los resultados de su gestión, lo referente a la economía, según datos del Fondo Monetario Internacional, en 2011 integró un PIB nominal de US$ 294,271.00 y per cápita US$ 9,885.00 lo que lo convierte en la quinta y sexta economía de América latina respectivamente, lo cual por tomar en cuenta la producción de hidrocarburos y la inclusión a la OPEP, convierte a esa administración en "rescatable", tomando en cuenta las restricciones antiimperialistas que ha venido sosteniendo en contra de los Estados Unidos de América.
En términos generales es evidente que el impulso de América latina en los últimos diez años se debe a la exploración de nuevas ideas políticas, el fortalecimiento del Mercosur y el Banco Interamericano de Desarrollo surge a partir de ideas keynesianas y marxistas en países como Brasil, Chile, Ecuador y Argentina, pero siempre con la constante alternancia, como Lula da Silva y Dilma Roussek en Brasil, Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, y de forma aislada Michelle Bachelet en Chile y Rafael Correa en Ecuador.
Las nuevas y renovadas fórmulas socialistas son benéficas en América del sur de forma clara, por lo que a este respecto algo es muy cierto y la analogía la tendríamos con Benito Mussolini o Francisco Franco, citando el pensamiento de John Locke, que expone "ningún ejercicio del poder autócrata y absoluto que no sea renovado puede provocar confianza y estabilidad social en el pueblo", esto por muy prolífico que pueda ser. Aún más si éste es disfrazado de democracia como en el caso de Venezuela.
Es el momento idóneo de reivindicar lo bueno que ha hecho hasta ahora este icónico mandatario, tomando el ejemplo de sus colegas sudamericanos, cimentando su estructura y dando cabida a una necesaria alternancia en su gobierno, que refuerce lo benéfico que hasta ahora ha hecho en vela de los intereses de las mayorías e incursione al marco internacional como nación potencializada.