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Personajes en la historia de México

José León Robles de la Torre

Se llama “Alameda Zaragoza” El Santuario de los Hombres Ilustres de Torreón, en honor del general Ignacio Zaragoza, Héroe de la Batalla del 2 de mayo de 1862, en Puebla.

Datos tomados de mi libro inédito: “Bustos en Bronce en la Calzada de los Escritores y Otros más” en la Alameda Zaragoza de Torreón, Coahuila, como sigue:

“Ya vimos cómo nació la Alameda Zaragoza de Torreón, Coahuila, y es importante dar algunos datos de patriota héroe de la patria: General don Ignacio Zaragoza Saguín. Nació en la Bahía del Espíritu Santos, Texas en 1829, cuando todavía era territorio mexicano, y que acababa de separarse, a raíz de la independencia, de Coahuila, ya que antes formaban Coahuila y Texas. Su padre fue el militar don Miguel Zaragoza y su madre doña María de Jesús Saguín. Él era veracruzano y ella nativa de San Antonio de Béjar, Texas.

Estudió Zaragoza en varias partes: ya en Matamoros, ya en el Seminario de Monterrey, según lo permitía la residencia mobible de sus padres. En 1853, se dio de alta en la Guardia Nacional de Nuevo León, con el grado de Sargento Primero, poco después ascendió a Capitán. Al incorporarse a la Revolución de Ayutla, participó en la Toma de Saltillo el 23 de junio de 1855, lo que le valió su ascenso a Coronel. En sus actividades militares, Zaragoza ocupó Monterrey el 25 de septiembre de 1859.

El 14 de mayo de 1860, al asediar Guadalajara, cayó herido el General don José López Uraga, y le tocó a Zaragoza sustituirlo en el mando. Zaragoza se convirtió en defensor de las leyes de Reforma, llegando a ocupar el Ministerio de Guerra y Marina con el presidente Juárez del 13 de abril al 22 de diciembre de 1861. Al principiar mayo de 1862, el presidente Juárez nombró a Zaragoza Comandante en Jefe del Ejército de Oriente, ya con el grado de General, tocándole llenarse de gloria en la batalla de Puebla el 5 de mayo de 1862 contra el Ejército francés.

Para descubrir un poco de esa batalla gloriosa, para las armas mexicanas, tomo el siguiente párrafo de México a través de los siglos, tomo 5o. y dice así: “...Al amanecer el día cuatro de mayo de 1862 el General Zaragoza ordenó al General don Miguel Negrete que con la Segunda División de su mando, compuesta de 1, 200 hombres, ocupara los cerros de Loreto y Guadalupe, que fueron artillados baterías de batalla y montaña: formándose además con las brigadas Berriozábal, Díaz y Lamadrid, tres columnas de ataque compuesta, la primera de 1082 hombres, la segunda de mil, y la última de mil veinte, todas de infantería; y además una caballería de 550 caballos, al mando del general don Antonio Álvarez, con una batería de batalla. En la mañana del cinco el enemigo desprendió una columna como de cuatro mil hombres, con dos baterías, hacia el cerro de Guadalupe, y otra pequeña de mil, amagando el frente. Este ataque, no previsto por el jefe mexicano, le hizo cambiar su plan, mandando inmediatamente que la brigada Berriozábal reforzara a Loreto y Guadalupe, y a que el cuerpo carabineros a caballo ocuparan la izquierda de los atacantes para cargar en el momento oportuno. Poco después mandó al Batallón Reforma, de la Brigada Lamadrid para auxiliar los cerros, que a cada momento se comprometían más en su resistencia; y el Batallón de Zapadores de la misma brigada fue a ocupar un barrio casi a la falda del cerro, con tal oportunidad, que evitó la subida a una columna que por allí se dirigía, trabando combate casi personal.

Los franceses fueron valientemente rechazados en los tres asaltos que dieron, y la carga de la caballería, situada a la izquierda de Loreto, evitó que se organizara un nuevo ataque. Entretanto el General Díaz, con dos cuerpos de su brigada, uno de Lamadrid con dos piezas de batalla y el resto de la de Álvarez, contuvo y rechazó la columna que marchaba sobre las posiciones mexicanas, y que se replegó hacia la Hacienda de San José, en donde se hallaban ya las rechazadas antes, preparándose a la defensa. Pero yo no podía atacarlos, añadió el General Zaragoza, porque derrotados como estaban, tenían más fuerza numérica que la mía: mandé, por tanto, hacer alto al ciudadano General Díaz, que con empeño y bizarría los siguió, y me limité a conservar una posición amenazante, las fuerzas beligerantes estuvieron a la vista hasta las siete de la noche, en que los enemigos se retiraron a su campamento en la Hacienda de Los Álamos, y los mexicanos a su línea. La noche se pasó en levantar el campo. El Ejército francés decía todavía Zaragoza, se ha batido con mucha bizarría: su General en Jefe se ha portado con torpeza en el ataque, las armas nacionales se han cubierto de gloria...”.

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