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PESADILLAS EXTERNAS

Alberto Barranco

La reunión de ministros y gobernadores de bancos centrales del G20 que se realizó en nuestro país y terminó el lunes de la semana pasada dejó en claro los riesgos económicos que amenazan a la economía global, pero no aportó soluciones efectivas para superarlos.

Es un gran alivio saber que el epicentro de las turbulencias económicas no está en nuestro país, sino en el exterior. No por ello, sin embargo, debemos caer en la complacencia. Si algo sale mal afuera, tendrá repercusiones negativas severas, si bien transitorias, en México.

En consecuencia, el desempeño de nuestra economía en lo que resta de este año, pero principalmente en 2013 dependerá, en mucho, de lo que suceda en el exterior.

El cambio de gobierno este primero de diciembre no será, por tanto, tan importante en el corto plazo para la evolución de la actividad económica y financiera, como lo serán la forma en que se enfrenten las pesadillas externas del abismo fiscal en Estados Unidos (EU) y del problema de deuda soberana en Europa.

Lo más relevante para nosotros es, sin duda, la situación en EU. Una vez que pasó el período electoral y ganó el presidente Obama, dedicará las próximas semanas a negociar con el Congreso con el fin de evitar el abismo fiscal.

Obama tendrá que limar muchas asperezas con la Cámara de Representantes, que domina el Partido Republicano, pero todavía está por verse quién cederá más terreno para resolver el problema. No hay duda, sin embargo, que mucho está en juego para que los políticos estadounidenses quieran arriesgar que su economía caiga en una nueva recesión.

Ése sería el resultado inevitable de la expiración de los estímulos fiscales en vigor, que de no renovarse en su mayoría llevarían a un costo equivalente a entre 2 y 4 por ciento del Producto Interno Bruto de EU.

Me parece que el estire y afloja se prolongará hasta cerca de fin de año, lo que mantendrá inquietos a los mercados financieros, pero al final confío en que se llegará a una solución que pospondrá el problema, por lo menos hasta fines del 2013. De no ser así, habría otra recesión estadounidense. La amenaza más seria para la economía global y para la nuestra es, sin duda, la situación en Europa. Las autoridades de los países europeos y los funcionarios de los organismos multilaterales no han ventilado públicamente la gravedad del problema, para no echar más leña a la hoguera. Lo cierto es que una salida airosa de ese atolladero tomará años, quizá el resto de la década, y para lograrla se necesitan cumplir varias condiciones difíciles de aceptar por las naciones involucradas.

Por una parte, se requiere que las poblaciones de los países deudores, en especial Grecia y España, acepten que lo peor está aún por venir y que tomará varios años más de sacrificios antes de pensar en un proceso franco de recuperación.

No está claro que esto sea políticamente viable, menos cuando ello significa que la desocupación seguirá por encima del 25 por ciento en ambos países y se registrarán caídas adicionales en el ingreso de sus poblaciones.

Por otra parte, no sólo deben los países deudores aceptar estoicamente más sacrificios, sino que además necesitan la disposición de las naciones acreedoras para seguir financiándolos durante la transición de la crisis hacia la esperada recuperación.

Al respecto, tampoco se ve políticamente viable que los contribuyentes alemanes, holandeses, franceses y de las demás naciones acreedoras estén dispuestos a pagar impuestos, por mucho más tiempo, para cubrir los faltantes financieros de los países deudores.

Pero aun encontrando la manera de que los deudores acepten más sacrificios y los acreedores mantengan la cartera abierta, la sobrevivencia del euro a largo plazo depende de decisiones políticas que hasta ahora han eludido los gobiernos de la eurozona.

Se trata, a fin de cuentas, de que acepten la unión bancaria, la emisión conjunta de bonos soberanos y, lo más sensible, la unión fiscal. Esta última implica que los políticos de cada uno de los países renuncien a la herramienta más socorrida para ganar elecciones: las promesas de gasto público y subsidios.

En dicho contexto, nuestra economía crecerá en 2013, en el mejor de los casos, de manera similar a este año, siempre que EU resuelva la amenaza del abismo fiscal, así como que la eurozona continúe evitando, como hasta ahora, un descalabro mayúsculo que podría llevar a la desaparición del euro.

Considero, sin embargo, que aun cuando se evite la salida de Grecia, el país con más problemas de la eurozona, no se podrá impedir que sus dificultades así como las de España, provoquen varios sobresaltos financieros durante 2013, porque esa pesadilla seguirá con nosotros por un buen tiempo.

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